El día siguiente del imprevisto triunfo del republicano Donald Trump en las elecciones norteamericanas encontró a José Molina, el agregado agrícola argentino en Washington, en Buenos Aires, con el mensaje de esperar que las negociaciones sobre apertura del mercado del país del Norte para limones y carne se concreten antes del traspaso presidencial en enero. Ocurre que el gobierno de Trump puede tener un sesgo nacionalista y por ende proteccionista que afecte al mundo entero, de lo que no están exentos la Argentina y su agro.
En este sentido, el instituto Ieral de la Fundación Mediterránea se apresuró a analizar algunas cuestiones como por ejemplo el peligro de que un cambio de política de EEUU afecte a las economías regionales de la Argentina. Respecto de la Argentina, las economías regionales que concentran más envíos en EEUU son en primer término las que se encuentran en una situación vulnerable en caso de endurecerse el acceso en los próximos años. Los especialistas sostienen que otro elemento que debería considerarse para evaluar el impacto efectivo que podría tener un escenario de mayor proteccionismo es la posibilidad concreta de EEUU de reemplazar en cada actividad productiva, con cierta rapidez, producción importada por la nacional. Sin embargo, hay cuestiones de calidad, temporalidad (contra estación), competitividad, capacidad industrial instalada, que pueden hacer que algunas exportaciones regionales se encuentren más fuertes que otras para resistir un posible embate proteccionista. Así el retroceso tanto de las infusiones como de la forestación industria es un problema doble para el NEA; el de las frutas de pepita significa un factor negativo para el alto valle de Río Negro. Y la expansión de los cereales beneficia a la región Pampeana, la del Maní al sur de Córdoba, y nada más.

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