Mariano (38) y Dulce (13) Belmonte, padre e hija, son ajedrecistras de competición. También son hijo y nieta de un destacado maestro de ajedrez salteño: Diego Belmonte. Y padre y hermana de otro Belmonte dedicado a este juego: Adriel (16), uno de los diez mejores jugadores de la categoría sub-18 en Argentina.
Lo suyo es, por correspondencia genética, por asimilación de un hábito, pero, sobre todo, por amor a la lógica aquel "ámbito en que se odian dos colores y en el que adentro irradian mágicos rigores las formas", que hizo al excepcional Jorge Luis Borges pensar en la vulnerabilidad de lo divino.
Mariano cuenta que fue su madre, Amanda Lanfranconi, quien lo introdujo en el juego. "No recuerdo el momento en que aprendí los movimientos porque siento que los tenía incorporados desde mi nacimiento. Sí recuerdo haber compartido infinidad de partidas con mi mamá. Ella trabajaba todo el día y por las noches, antes de acostarme, habré tenido unos siete añitos, me jugaba siempre una partida con ella", recuerda. Añade que su padre al ver su incipiente talento lo fue perfeccionando durante su adolescencia. Diego Belmonte fue campeón salteño y cuatro veces campeón argentino por equipos en representación de la provincia. "Mi padre es amante del ajedrez y violinista también. En esas dos ramas del arte es un apasionado y un perfeccionista. Tiene mucha bibliografía de ajedrez, que siempre generosamente me la fue brindando de acuerdo con lo que yo necesitaba", destacó.
Mariano también compitió en torneos dentro de Argentina y en países como Venezuela y República de la India.
Acota que al ajedrez se lo perfecciona en áreas distintas como aperturas, medio juego, finales. Apuntar hacia la excelencia implica el dominio de estrategias, tácticas y el desarrollo de nervios de acero para llevar adelante las partidas. Pero, sobre todo, incrementa el pensamiento lógico: en ajedrez se calculan movimientos con anticipación y se evalúan las consecuencias de acciones que no tienen vuelta atrás.
"No sé si hay un deporte o una ciencia que tenga tanto material como el ajedrez. Es inabarcable la bibliografía escrita sobre el tema. Sobre todo se ven partidas de los grandes jugadores del pasado, que son los que han despejado las bases posicionales del ajedrez, y se estudia mucho a los jugadores clásicos y a los actuales también", detalla. El perfeccionamiento se va adquiriendo a base del estudio de libros, aunque Mariano dice que la tecnología ofrece programas de simulación capaces de buscar en segundos una posición que al ajedrecista le interese, partiendo de ocho millones de partidas.

La herencia
Mariano comenta que ni él ni su esposa, Claudia Rojas (38), presionaron a sus hijos para que jugaran al ajedrez. "Intenté mostrarles que hay belleza en el juego: la belleza de la lógica. Todo tiene una explicación y no hay azar. Si se perdió es porque hubo un error y ese error tiene una razón de ser. Todo ese proceso lógico tiene belleza y si los chicos descubren eso desde muy chiquitos normalmente no van a dejar el ajedrez", define. Dulce volvió a principios de mes del Festival Panamericano de Ajedrez de la Juventud, realizado en Uruguay. No quedó entre los primeros puestos como el también salteño Julián Vilca (15), quien resultó campeón en la categoría sub-16. Sin embargo, ella bien puede aquilatar el haberse fogueado en una competencia internacional.
"Fue un campeonato muy duro, pero muy lindo también porque conocí a gente de otros lugares. Uno lo disfruta por más que le vaya mal", dice Dulce. "Además tuviste buenos resultados, empataste con la campeona de Brasil, con una colombiana que era muy fuerte también, las rivales que te tocaron fueron de varios países de América...", enumera Mariano, y en el consuelo habla el padre dentro del entrenador.
"Ahora voy a estudiar más y a mejorar porque es necesario si uno quiere que le vayan bien las cosas. Hay que entrenar duro", asegura Dulce y en esta frase se cuelan consejos de su otro entrenador puertas adentro: Adriel Belmonte. "Me entrenan mi hermano y mi papá, aunque también entreno sola. Adriel es mucho más exigente, siempre me está exigiendo que dé lo mejor de mí. Si algo no me sale me dice que no me tengo que rendir. Él me explica, trabajamos libros que te dan opciones de jugadas y vos tenés que elegir cuál es la mejor para vos. Y si te equivocás vas viendo tus errores para mejorar", sintetiza Dulce. ¿Alguna vez sorprende a su hermano mayor?, preguntamos y Dulce sonríe honrando su nombre.
"Él es muy inteligente, mucho mejor que yo, por eso es mi entrenador. Papá también es muy bueno. Él me estuvo ayudando para ir al Panamericano.Volvía cansado del trabajo, pero me daba clases y valoro mucho eso", comenta la niña.
Una inclinación
La vocación, cuando verdadera, es -incluso en el origen mismo de la palabra- un llamado interno que una vez encendido nunca se desvanece, aun mediando problemas económicos. "El ajedrez no da dinero. Hay momentos que por una situación económica uno no puede viajar. En Salta sobre todo se hacía difícil jugar por una cuestión federativa. Ahora, gracias a Dios, ya hay una federación más conformada", señala Mariano. Por ello destaca el imprescindible apoyo de su esposa Claudia. "Viajar a un torneo significa resignar algo en lo económico porque el ajedrez es una disciplina que -salvo excepciones- no es muy bien remunerada porque los premios que se obtienen no son muy elevados", subraya.
Dulce también hace referencia a su madre: "Ella siempre está en las partidas apoyándonos a los tres. Se queda sentada esperando. Por ahí una partida dura cuatro horas a la mañana y tiene otra de cuatro horas a la tarde. Es un desgaste físico y psicológico que mi mamá sabe acompañar". Los Belmonte tienen sus referentes: Diego Belmonte, Alberto Rodríguez y Alfredo Bass. Todos jugadores que demostraron que el ajedrez, al contrario de otros deportes, puede ser un compañero de por vida. "Esto me dijo mi viejo: el ajedrez es un amigo hasta el final de tus días. No es como el fútbol, que tenés que colgar joven los botines joven", dice Mariano. Pero, sobre todo, este juego los lleva una y otra vez a un mundo de escenarios posibles y disciplina. "Normalmente un ajedrecista tiene buenas calificaciones y se destaca en sus actividades profesionales", cierra Mariano y como ejemplo de ello tiene a sus hijos, destacados estudiantes.

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Carlos T
Carlos T · Hace 1 mes

Excelentes en lo que hacen, con disciplina y sacrificio, y sobre todo disfrutando...eso percibo de ellos y vale la pena resaltarlo. Pero lo más importante es que son muuuuuy buenas personas: una familia ejemplar, unida, muy compañeros. Sé que es así, los conozco y agradezco eso. Ellos seguramente no lo saben, pero el solo estar con ellos, hace bien. Gracias!!!

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