Un primer balance, provisorio, del primer año de gobierno de Cambiemos, muestra expectativas de la mayor parte de la población, aunque la inflación, el tarifazo, la recesión y algunas contramarchas generen desconcierto, preocupación y ofrezcan letra a la oposición kirchnerista, golpeada a su vez por la falta de liderazgo, la ausencia de un proyecto y los escándalos casi novelescos de corrupción.
Con Mauricio Macri, el país inició un recorrido cuyos objetivos se diferencian sustancialmente de lo ocurrido en 33 años de democracia y en los últimos 26 años de hegemonía del PJ, en particular. Se aspira a un cambio basado en la inversión, el empleo genuino y la división de poderes. Se piensa en el país futuro, como lo hacen todas las naciones en desarrollo. Pero el cambio está en pañales.
Cambiemos recibió una situación económica compleja e insostenible. El tipo de cambio oficial estaba sobrevaluado, lo que dificultaba la exportación de productos argentinos, y había controles cambiarios que impedían la compra y la venta de dólares (el famoso "cepo") pero que no lograban frenar la sangría de reservas del Banco Central. El déficit fiscal había alcanzado una magnitud histórica, de las más altas de los últimos 30 años, y había sido financiado con emisión monetaria, es decir, imprimiendo billetes.
Además, la actividad económica estaba estancada desde hacía cuatro años, en los que se habían creado pocos puestos de trabajo y había aumentado la cantidad de pobres. El déficit comercial, el saldo entre las exportaciones y las importaciones del país, era cada vez mayor, y reflejaba la bajísima competitividad de la economía. La mayoría de los precios más importantes se encontraban distorsionados, tironeados por una economía mal regulada y muy reprimida. A pesar de todos estos controles, la inflación llevaba en diciembre varios años por encima del 25% anual según el consenso de las mediciones privadas, las únicas confiables después de que el gobierno anterior decidió, para esconder todos estos problemas, destruir las estadísticas oficiales. Los desequilibrios económicos y fiscales, y el exceso de despilfarro monetario generaron un combo que en cualquier momento podría haber explotado.

Los tarifazos

Es importante destacar que se ha realizado un sinceramiento económico (tanto en lo fiscal como en lo monetario), el cual conllevó algunas medidas no muy simpáticas para la población pero necesarias. Una de ellas fue el sinceramiento en la tarifa de gas, el cual se encontraba subsidiado casi en su totalidad y no resultaba una medida sostenible para el gobierno, y tampoco era sano para la economía en el largo plazo. Condición sine qua non de este sinceramiento, fue también la suba de precios generalizada, más conocida como inflación, un problema estructural argentino desde finales de la segunda guerra mundial.
Es válido señalar que las marchas y contramarchas fueron desconcertantes, porque "sincerar" equivalió a llevar el costo energético a niveles insostenibles. Las correcciones no terminaron de aclarar el panorama; el precio futuro del gas y la electricidad aún son un enigma, aunque el análisis profundo del tema debe agregar que el indicador del costo real del gas es el precio de la garrafa (800 pesos mensuales para una familia tipo de pocos recursos), un servicio para el cual el kirchnerismo no tuvo las contemplaciones que sí deparó a los sectores con mayores ingresos. Un déficit de 15 mil millones de dólares en energía en un país que resolvió dejar de producir gas es una aberración económica.
Dos medidas positivas para el sector agrícola, que es el sector principal y de mayor volumen en la economía argentina, fue la quita de retenciones a las exportaciones de granos y el levantamiento del cepo cambiario.

El cepo cambiario

Detengámonos en el cepo cambiario, que impedía a cualquier ciudadano conseguir dólares en el mercado local, por lo tanto eso generó la aparición de un mercado ilegal de compra - venta de la divisa. Pero, ¿por qué el gobierno había restringido la venta de dólares al público? Por el simple motivo de que el Banco Central de Argentina se estaba quedando sin reservas, ya había pasado el mínimo fundamental de US$ 30 mil millones. Este "cepo cambiario" generó una intensa suba del dólar, y el gobierno lo mantenía por debajo de los $ 16 con la llamada flotación sucia.
Había grandes expectativas de devaluación ante la medida de levantar dicho cepo, las cuales por cierto no fueron correctas, y la medida tuvo éxito.
Por otro lado, se renegoció con los holdouts o fondos buitre, la deuda que mantenía a la Argentina en un default técnico de no haber pagado a sus acreedores en tiempo y forma, lo que generó un bloqueo internacional por parte de las entidades expedidoras de crédito y ayuda financiera. Este acuerdo pudo ser pagado con la penalización correspondiente, y así Argentina volvió al mercado internacional.
Otro grave problema fue la desconfianza en las estadísticas oficiales - que fueron modificadas - que informaban que Argentina tenía menor pobreza que Alemania, algo insólito. Esta falta de estadísticas disminuyó enormemente la credibilidad en el país.
Al noveno mes de este gobierno se reformularon los índices de pobreza y desempleo, que arrojan cifras bastante lejanas a las que se reconocían oficialmente, pero similares a las de las proyecciones privadas. A pesar de tener aún un índice de inflación alto comparado con el resto de países de la región (salvo Venezuela), se nota una leve desaceleración, lo que genera optimismo tras un histórico proceso inflacionario que nunca cesó. Se espera que en el mediano plazo la inflación en Argentina no supere el 1% mensual, una meta impensada hace unos años.

La nueva política

Otro punto importante es la reforma política y electoral para darle mayor transparencia a los comicios, los cuales estaban cooptados por los partidos de mayor aparato político y corrían una fuerte desventaja los de menor capacidad económica. Por otro lado, y creo que es sano para la democracia; el Congreso se encuentra bastante dividido, por lo tanto, cada ley que se envía desde el ejecutivo o que impulsa un bloque, debe ser debatida plenamente y modificada hasta el consenso, lo que genera leyes bastante más populares que las de una democracia puramente de mayoría.
Aunque el presidente Macri tiene más del 55% de aprobación aún queda mucho por hacer y ciertas metas económicas y sociales deben sostenerse como eje de gestión y no ser dejadas de lado hasta que finalice el mandato.

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Sección Editorial

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