El 14 de junio de 2005 una tragedia vial golpeó a una delegación del ballet folclórico Santiago Ayala de la localidad de Vaqueros. Se trata de uno de los tantos casos de una cadena de sucesos luctuosos que la Justicia todavía no pudo resolver y, por consiguiente, mantiene abierta la herida del dolor entre los familiares de los fallecidos y de los sobrevivientes.
Con la teoría de la fatalidad, muchos casos como este terminan exorcizados, barnizados o archivados en los estrados judiciales. Esta situación se potencia más aún cuando el Estado aparece denunciado. A los jueces les produce urticaria condenar al pago de indemnizaciones cuando por negligencia de algún funcionario ocurren casos fatales. Hay dos fallos recientes que grafican de manera patética esta situación. El 21 de octubre pasado condenaron a 1 año y 6 meses de prisión a dos exfuncionarios municipales por la muerte de la menor Natalia Soruco en un parque de diversiones, en 2004. Los jueces rechazaron la demanda civil planteada por los padres de la niña.
Dos días antes la Sala V se pronunció en igual sentido en un juicio a 5 médicos acusados de mala praxis por la muerte de Luciano Martínez, un niño de Isonza que se accidentó en la escuela, en 2012. El Tribunal condenó solo a uno de ellos y rechazó la demanda civil contra el Ministerio de Salud.
Once años pasaron desde aquella madrugada de junio cuando el minibús, que trasladaba a los bailarines y dos profesores del ballet Santiago Ayala y una funcionaria de la Casa de la Cultura, chocó cerca del peaje de Aunor, en la ruta de acceso a la ciudad. Hubo tres muertos y veinte heridos. Una de las víctimas fue Leandro López, un bebé de 8 meses, hijo de los profesores de la academia. También murió el bailarín Julio César Vera (19) y la coordinadora de la Casa de la Cultura, María Delma de Fernández. Norma Barconte, la directora del ballet, relató que el drama de la familia se agravó dos años después con la muerte de su esposo, Omar López. "Leandro iba durmiendo en los brazos de su papá y murió luego de una agonía de seis días", recordó. Contó que el Santiago Ayala había ganado un concurso provincial y que el premio consistía en presentaciones del grupo en los municipios salteños. "Con Julio César estábamos maravillados, jamás pensamos que algo grave nos podía suceder", señaló Rubén Yapura, uno de los sobrevivientes. "Nos llamaron de la Casa de la Cultura para una presentación en Las Lajitas y regresamos a la noche", expresó Barconte. Dijo que el minibús iba a alta velocidad y que le advirtieron de esta situación al conductor Santiago Fama Campero. Minutos después el colectivo impactó contra un camión que circulaba en igual sentido. "Cuando recuperé el conocimiento estaba encima de otras personas heridas", explicó Yapura. Matías Vera tenía 11 años y se enteró por la radio de que su hermano había muerto. "Julio César era muy sacrificado, trabajaba en cualquier cosa para comprarse los trajes y su sueño era ser profesor de folclore", dijo. Luego del trágico suceso, los familiares de las víctimas iniciaron su derrotero para que la Justicia investigue lo que había sucedido.

La entereza de la profesora

Norma Barconte tuvo que cargar sobre sus espaldas el mayor peso de la tragedia. Perdió al mejor alumno de la academia, a su pequeño hijo y dos años después a su esposo. Sin embargo, no ha bajado los brazos y con una gran entereza desde el primer día viene librando una feroz batalla en los estrados judiciales para que el dueño del colectivo, el seguro y la Provincia reparen el daño provocado. Recién este año la Justicia penal pudo juzgar al conductor Fama Campero, quien fue condenado a 3 años de prisión. “El chofer hizo de todo para eludir el juicio y su condena dio pie para avanzar en la instancia civil”, dijo Barconte. La causa está en Juzgado Civil Nº 7 a cargo de María Ibáñez. “Confiamos mucho en esta jueza porque desde que se hizo cargo se logró un avance importante”, destacó Barconte.

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