En su libro La Argentina en la tormenta del mundo, el historiador Tulio Halperin Donghi realiza un estudio de las resonancias que tuvieron en el país los acontecimientos mundiales entre 1930 y 1945.
Hoy, el mundo tiene otras tormentas, ideológicas, como las que desangraron al mundo en esos años.
En el pasado junio, América, Europa y Oriente se brotaron de intolerancias.
En los Estados Unidos, Omar Mateen, el domingo 12, masacró a tiros a 49 personas que se encontraban en un bar gay en Orlando, Florida.
En el departamento de Oxaca, México, los docentes contrarios a la reforma educativa se vieron envueltos una semana más tarde, el domingo 19, en un confuso episodio que terminó con ocho muertos. Por un lado, el Gobierno informó poco y mal y por el otro la gremial docente enviaba reclamos atendibles junto a otros que eran privilegios, como la herencia del cargo docente o la ausencia de evaluaciones para los profesores. El origen del tiroteo no quedó claro, como tampoco el motivo por el cual fue muerto a tiros Elidio Ramos Zárate, periodista encargado de cubrir la protesta docente, atacado mientras descansaba en una plaza. Fue abatido por los ocupantes de una moto que huyeron luego del hecho.
En Inglaterra, el jueves 16 era asesinada la diputada laborista británica Jo Cox, de 41 años, activa defensora de la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la Unión Europea. El ataque ocurrió una semana antes del referéndum y lo perpetró un civil de 52 años que, a diferencia de Cox, estaba a favor del Brexit.
La intolerancia contra quienes no piensan igual llegaba a un primitivismo bestial.

Ausencia de solidaridad humanitaria
El 20 de ese mes de junio fue el Día Mundial del Refugiado y en esa fecha se congregaban frente al edificio del Congreso de los Diputados, en Madrid, una quincena de ONG protestando contra "la indignidad" de trato a los refugiados y peticionando se proteja de forma efectiva a las personas que se ven obligadas a huir de sus lugares de origen por una guerra o porque su forma de ser, pensar o vivir está amenazada.
La fecha coincide con la aprobación de la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, la norma que es el marco global del derecho de asilo.
Ese estatuto tiene más de medio siglo y hoy es otra la realidad. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) calcula que en todo el mundo, existen hoy más de 60 millones de personas desplazadas de su lugar de origen; en Europa la crisis humanitaria es la mayor desde la Segunda Guerra Mundial. Y España recibe de la expoliada África gran cantidad de ellos mayormente vía marítima, desde las excolonias españolas. Pero las ONG, y muchas organizaciones ibéricas consideran que las políticas españolas son insuficientes; según los medios, en 2015, ese país se comprometió a acoger a 16.000 personas y ha recibido hasta la fecha sólo a 124.
La manifestación de las ONG en Madrid, que se replican en muchas ciudades con la adhesión de todo tipo de organizaciones de la sociedad civil, reivindica la legitimidad del reclamo de quienes huyen buscando un Estado que les proteja como también la obligación de los gobiernos a dar soluciones.
En concreto pedían al futuro gobierno que surgiera de las elecciones nacionales españolas del 26 de junio la adopción de once medidas "urgentes y realizables", enderezadas a paliar las penurias de los refugiados, y exigiendo un público compromiso político de solidaridad, que el futuro gobierno debería materializar en hechos concretos. Entre ellos la aprobación del Reglamento de Asilo y también que impulse España una reforma en el seno de la Unión Europea, porque el actual sistema común de asilo no garantiza todos los derechos de las personas, que son los que debiera gozar un refugiado. Dicho de otra manera: las ONG reclaman que España y Europa respeten los derechos humanos de las personas refugiadas. Así de simple.

Tolerancia, solidaridad y Bicentenario
Los ejemplos citados, ocurridos en distintas partes del globo durante el pasado junio, muestran que hay todavía aberrantes ejemplos de intolerancia y una inexplicable falta de solidaridad, y que hay obligaciones que las personas, los gobiernos y las naciones no cumplen como es debido.
Es un deber que la Constitución provincial exige en su artículo catorce, obviamente solo obligatorio en territorio provincial. Este exige "el cumplimiento de los deberes inexcusables de solidaridad política, económica y social", solidaridad que a su vez el Preámbulo la define y ratifica como un 'valor inalterable'.
Pero ese valor trasciende fronteras, no importa que sea la Unión Europea, el Estado español o la provincia de Salta: la dignidad de las personas debe ser respetada igualitariamente, cualquiera fuese la circunstancia de tiempo y lugar.
Aunque no lo parezca, el país ofrece en ambos temas una madurez destacable, valores con los que recibirá la llegada del Bicentenario de su independencia política.
El país acaba de emerger de una década de intolerancia y gobierno autoritario, y lo ha logrado sin necesidad de derramar sangre ni engendrar revoluciones armadas. Lo obtuvo a través de las herramientas que la ley otorga a la ciudadanía: los comicios, el respeto a sus resultados y a la libertad en todas sus manifestaciones: la individual, de las organizaciones, de los dirigentes, de prensa, de la justicia y muchas otras.
Se rescató el valor momentáneamente amenazado, de la tolerancia hacia quienes piensan diferente, son diferentes, actúan diferente o provienen de naciones con diferente cultura.

Aunque no parezca...
Pero esto no ha sido el resultado mágico de un día. Es consecuencia de doscientos años de trabajo institucional en el cual se consensuó y se activó poco a poco el país que querían aquellos dirigentes y aquellos habitantes de cada época, de cada paso, de cada siglo.
El Estatuto Provisional de 1811 ya insinuaba la tolerancia al disponer la libertad de la imprenta, “fundamento de la felicidad pública”, el de 1815 consolidó ese derecho al hacerlo extensivo a los extranjeros, y las Constituciones de 1819, 1826 y 1853 mantuvieron esa garantía.
Otro tipo de tolerancia, la religiosa, fue un pensamiento casi transgresor para la época. Propuesta por Juan Bautista Alberdi en 1852, en su obra “Bases y Puntos de Partida” reflexionaba que para América el dilema resultaba fatal: o era exclusivamente católica, y entonces despoblada; o sería poblada y próspera si resultaba tolerante en materia religiosa. “Excluir los cultos disidentes de la América del Sud, es excluir a los (inmigrantes) ingleses, a los alemanes, a los suizos, a los norteamericanos, que no son católicos”. La Constitución Nacional de 1853 y el Código Civil en 1879 recogieron la idea, y la plasmaron en la libertad de culto. Veinte años después, en otro avance institucional de tolerancia, se sancionó la Ley de Matrimonio Civil.
Alberdi también desarrolló en sus ‘Bases‘ la idea de la necesidad de una educación pública, que junto a la libertad serían la base del progreso. Los constituyentes de 1853 adoptaron la mayoría de los principios alberdianos y hoy todavía rige el Art. 5 que obliga a las provincias a asegurar a todos, sin excepciones de raza, nacionalidad o religión, la educación primaria. Actualmente parece un objetivo magro, pero en su momento no lo fue y además de llevar la instrucción a quienes carecían de recursos, el aula fue un espacio de aprendizaje, de convivencia y de tolerancia.
El Siglo 20 con esos principios ya internalizados, la educación dio paso a las universidades públicas y gratuitas, abiertas a los argentinos y a los extranjeros, que fueron muchos porque en el resto de Sudamérica esa oportunidad era casi inexistente. Vale recordar el ejemplo de Juan José Arévalo, estudiante guatemalteco que llegó a la Universidad de La Plata; al egresar regresó a Guatemala, país del cual llegó a ser presidente en el período 1945 - 1951.

Midiendo con otra vara
Argentina, en la segunda mitad del siglo se incorpora a la normativa de la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, consolidando y ampliando la esfera en la que se desenvolverá el sentimiento de tolerancia, de respecto a la dignidad del prójimo y a sus derechos.
Así encuentra hoy a los habitantes del país el bicentenario de su independencia política.
Quizá la costumbre hace que toda realidad de una región o país se mida por sus indicadores económicos; pero hay otras formas de percibir y describir esa realidad. La economía es cíclica, tiene fluctuaciones recurrentes en las que una fase de expansión va seguida de otra de contracción.
Los principios morales de una Nación no son cíclicos, están descriptos en sus normas y son reflejados por sus instituciones y por la conducta diaria de los ciudadanos y de los dirigentes.
Y por esa razón, aunque la Argentina ha sufrido dos atentados terroristas, no fue obstáculo para haber dado asilo a mil refugiados sirios y poner en marcha de un programa de ampliación para otros 3.000 refugiados.
En su instrumentación intervendrán distintos ministerios a fin de crear una estructura nacional de contención a esas personas y asistirlas en aprendizaje del idioma, salud y empleo. El país da ejemplo de concreta acción solidaria.
El 9 de julio de 2016 puede mostrar al mundo un joven país mucho más tolerante y solidario de lo que creemos: la Argentina actual.



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