La estrella de Cassius Clay brilló de manera ascendente en gran parte de su carrera deportiva, solo declinó en dos tramos de su vida: primero cuando decidió convertirse y unirse al Islam adoptando su nuevo nombre de Mohamed Alí y luego cuando debió pelear con un rival invisible: Mr. Parkinson.
Al igual que en su etapa brillante como boxeador, encontró un adversario que disparaba aguijones de manera incesante contra un cuerpo que ya no respondía. Solo quedaban destellos de su figura altiva, elegante, provocadora, aunque también intimidante.
A partir de 1984 (cuando era imposible negar su enfermedad), Mohamed Alí empezó a transitar el túnel del ocaso. Ya casi nada quedaba de aquel boxeador capaz de sorprender a su rivales con una rapidez de piernas, manos y movimientos imposible de controlar.
La etapa deportiva lo mostró como un hombre que desarrolló una ascendente carrera; además de convertirse en un pionero que abrió el camino a las nuevas generaciones.
Lo hizo cuando con su primer nombre de Cassius Marcellus Clay llegó a los Juegos Olímpicos de 1960 y logró la medalla de oro con un estilo de boxeo único y espectacular, para cuatro años más tarde sorprender al mundo entero al destronar al legendario Sonny Liston (El oso) y convertirse en campeón del mundo, un título que ganó tres veces.
A partir de ese momento nació un boxeador único, con un estilo llamativo y explosivo, que quedó plasmado en combates históricos protagonizados ante George Foreman y Joe Frazier, destacando que cuando se retiró en 1981 tenía en su haber una marca de 56 victorias y solo 5 derrotas.
Desde entonces no apareció una figura de tanto carisma en la categoría máxima del boxeo. También era "bocón" y fanfarrón porque anunciaba de antemano en qué round iba a noquear a sus rivales y sorprendentemente casi nunca se equivocaba.
Muchos argentinos, seguramente recuerdan su combate frente a "Ringo" Bonavena en el Madison Square Garden, en Nueva York.
Mohamed Alí también se destacaba por la verborragia y suficiencia frente a sus rivales. En el pesaje Bonavena no se achicó y sorprendió tratándolo de gallina con coreografía incluida. Como Alí solía anunciar el asalto de las definiciones esta vez eligió el noveno. Y "Ringo" se rió a carcajadas, después paseó con un toro por la Quinta Avenida. En el ring de aquella espectacular velada, sucedió todo lo contrario: Alí sacó lo mejor de su repertorio, aunque los argentinos nos ilusionamos con ese golpe de Bonavena que hizo tambalear la leyenda. Después "Ringo" anduvo por el piso, hasta que la "toalla" de su rincón puso fin al suplicio.
Compromiso social
Pero junto al crecimiento de la leyenda boxística también iba a surgir una figura cívica que se convirtió en el portavoz y defensor de asuntos políticos, religiosos y sociales de la comunidad afroamericana en la turbulenta década de los años 60 y 70.
"Toda mi vida, incluso cuando era un niño, siempre decía que si llegaba a ser famoso haría cosas para ayudar a mi gente que nadie más hiciera", declaró en su momento.
"Nunca me importó ser famoso, solo quiero ser escuchado, porque si la gente oye la verdad, algunos la aceptarán".
Su filosofía siempre fue en sintonía con su pensamiento, recordando que en 1967 se negó a ser inscrito en las fuerzas armadas de su país y de inmediato se convirtió en el símbolo de la resistencia a los que se oponían a la Guerra de Vietnam. Después el Tribunal Supremo de Justicia de Estados Unidos le dio la razón en su lucha por ser excluido del ejército en base a sus creencias religiosas.
Ayer se apagó definitivamente la luz de la habitación del hombre de Louisville. En esos momentos su sombra empezó a danzar como en sus mejores tiempos, pero ya era tarde.

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