Más de medio centenar de adultos se incorporaron esta semana al sistema educativo, a través de las aulas anexas que se inauguraron el miércoles en Molinos. Fueron 32 los alumnos que se sumaron a la propuesta del Bachillerato Salteño Para Adulto (BSPA) que este año abrió la posibilidad de cursar el EGB 3. Las clases se dictan en el edificio del colegio secundario Indalecio Gómez. También quedó habilitada un aula en La Poma, con 19 alumnos.
El acto en Molinos fue encabezado por el intendente de Molinos Walter Chocobar, el director del BSPA profesor Daniel Fernando Corimayo, legisladores, funcionarios del Ministerio de Educación de la Provincia, entre otras autoridades.
Chocobar destacó se trata de una excelente oportunidad para muchos vecinos de incorporarse al sistema educativo para terminar el secundario. "Es un proyecto de inclusión, que llega para dar respuesta a un sector de personas adultas que
por diversos motivos habían quedado excluidas del los diferentes sistemas existentes. De esta manera, se incorporó un nuevo nivel en Molinos que se suma al terciario, secundario y primario", explicó el jefe comunal.
Por su parte, Corimayo resaltó las ganas de estudiar que expresaron los alumnos. "Hay gente grande que se incorporó con gran expectativa. Son hombres y mujeres con ganas de estudiar no solo del pueblo de Molinos, sino también de varios parajes de la localidad. Tenemos todo lo necesario para realizar las actividades", contó el docente.
Si bien abrió formalmente el ciclo lectivo esta semana, el BSPA de Molinos aún trabaja en la etapa de cumplimentar con todos los requisitos formales de incorporación de los alumnos y desde el próximo lunes se dictarán normalmente, siempre a partir de las 19.30. Las aulas anexas del Bachillerato Salteño Para Adultos de esta localidad, La Poma y Payogasta, dependen de la sede central de Cachi.
El cursado es de tres años, el horario y el régimen de cursado y evaluación responde a las necesidades de los estudiantes adultos. Este sistema de inclusión educativa se incorporó en Salta en 1986, durante la gobernación de Roberto Romero. Comenzó a funcionar en los edificios de escuelas primarias y secundarias de Capital, y luego se extendió rápidamente a las localidades más pobladas del interior de la provincia. Comenzó como un proyecto piloto para incorporarse luego al sistema formal. A lo largo del tiempo sufrió transformaciones y adecuaciones en función de las necesidades y exigencias de la comunidad.


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