La política y las creencias, no la ciencia, son los factores determinantes en el debate sobre el calentamiento global. En este artículo trazaremos las influencias que la política de los Estados Unidos de América tuvo en este debate.
"Si la miseria de nuestros pobres es causada no por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande es nuestro pecado", advirtió Charles Darwin. No le hacen caso.
La crisis del petróleo de 1973 se desencadenó cuando la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) decidieron no exportar petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur, decisión que afectó a los Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental. El mundo industrializado era muy dependiente del petróleo (aún lo es) y la falta de suministro causada por el embargo provocó una fuerte alza en los precios del combustible resultando en un gran efecto inflacionario y una reducción de la actividad económica. Enfrentando esta crisis, los países afectados respondieron con medidas tendientes a frenar su dependencia del petróleo importado.
Otra consecuencia de la crisis fue una erosión en el prestigio e influencia de los Estados Unidos, el principal aliado de Israel, en un momento crítico de la Guerra Fría.
Este período marcó el fin del boom económico de la posguerra. Diferente a muchas de las recesiones anteriores, estos años se caracterizaron por un estancamiento económico donde se combinaron altos niveles de desempleo con alta inflación, la llamada "estanflación".
Hasta finales de la década de 1970, el tema del incremento del dióxido de carbono en la atmósfera había sido motivo de investigaciones desde una perspectiva puramente científica, en gran medida independiente de la política.
Carter y la energía
En 1977, Jimmy Carter fue elegido presidente de los Estados Unidos. Unos pocos meses después de su elección, en un discurso televisado el 18 de abril de 1977, Carter dijo que la crisis de energía de Estados Unidos durante la década de 1970 era el "equivalente moral de una guerra" y que la situación energética era un "peligro claro y presente" para aquella nación. Al mismo tiempo aseveró que las reservas mundiales de petróleo probablemente cubrirían la demanda estadounidense por solo seis a ocho años más.
Para hacer frente a tales problemas, Carter introdujo legislación cuyo propósito era estimular la conservación de energía y el desarrollo de recursos nacionales alternativos para reducir la dependencia que Estados Unidos tenía del petróleo importado.
Intereses dentro del gobierno promueven alternativas tales como la energía eólica, solar, y más importante, la nuclear. El 83 por ciento de la energía eléctrica de Estados Unidos se genera en usinas termoeléctricas suministradas por los abundantes recursos de carbón con que cuenta este país. La combustión de carbón genera dióxido de carbono. Por otro lado, la energía nuclear no emite gases a la atmósfera. Esto presentaba la tesis ideal para promover la energía nuclear. Los promotores de la industria nuclear se enfrentaban con una fuerte oposición a las armas nucleares y a todo lo que tenía que ver con energía nuclear. Para contrarrestar a esta oposición, el Departamento de Energía creado por Carter y sucesor de la Comisión de Energía Atómica - contrata al grupo JASON, asesor del Gobierno de los Estados Unidos en asuntos de defensa, para que lleve a cabo un estudio sobre los efectos de los combustibles fósiles en el clima. En este estudio, publicado en 1979 los autores expresan suma preocupación por el cambio climático inducido por dióxido de carbono producido por el uso de combustibles fósiles.
Al mismo tiempo, la Oficina de Políticas Científicas y Tecnológicas del gobierno estadounidense encarga a la Academia Nacional de Ciencias un informe sobre el mismo tema. En este informe, los autores advierten que la temperatura media del mundo podrían aumentar 6 grados Celsius hacia el año 2050 debido al uso del carbón.
Se ha acusado a ambos informes de haber sido prescriptivos, es decir, de haber propuesto una agenda política para neutralizar al posible cambio climático. En este sentido, estos informes no son científicos sino promotores de acciones políticas para controlar lo que los autores perciben como las consecuencias negativas del efecto invernadero.
La crisis de los reactores
La realidad suele arruinar los mejores planes. El 28 de marzo de 1979 uno de los reactores de la central nuclear de Three Mile Island sufrió una fusión parcial en el núcleo de unos de sus reactores, incidente que hasta Chernóbil, fuese considerado el más grave de los accidentes nucleares civiles y que redujo notablemente la confianza de la población en las centrales nucleares y fue para muchos un presagio de los peores temores asociados a esta tecnología. De esta manera, el incentivo para estimular políticas contra los combustibles fósiles pierde uno de sus pilares.
En estos años, James Hansen, del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, comenzó a estudiar el efecto del dióxido de carbono sobre el clima. Su primer trabajo sobre el tema, publicado en 1981, predijo que la quema de combustibles fósiles aumentaría las temperaturas globales 2,5§ C hacia finales del siglo XXI.
El gobierno de Ronald Reagan respondió a las predicciones de Hansen cortando los fondos para el Instituto Goddard. Hansen, estimulado por Rafe Pomerance, presidente del grupo verde "Friends of the Earth," continuó con el tema. Años después Pomerance dijo "fue realmente importante para [Hansen] hacerse oír aun cuando en aquel entonces el tema no tenía ningún impacto en el público".
Al Gore y el calentamiento político
Hansen encontró dos aliados políticos que hicieron posible que lo oyesen en público.
Uno de ellos, Al Gore, primero diputado y luego senador por Tennessee, se estaba postulando para la nominación demócrata a la presidencia en 1988 - que perdiese frente a Michael Dukakis.
Mucho de la plataforma de Al Gore se basaba en un activismo ecologista que en aquellos momentos empezaba a poner énfasis en el "calentamiento global", un fenómeno que según él es consecuencia de la actividad industrial.
A través del tiempo, su filosofía evolucionó a que "no hay algo más urgente en la actualidad que controlar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, lucha a la que le atribuye un "imperativo moral".
El segundo aliado de Hansen fue Tim Wirth, senador demócrata por Colorado.
Wirth buscaba argumentos persuasivos para la campaña política contra el gobierno de Reagan y los republicanos, y el calentamiento global le brindo uno.
En 1988, los Estados Unidos estaban sufriendo de una gran sequía y Wirth presupuso que si pudiese vincular estas condiciones climáticas con el calentamiento global, generaría una gran atención mediática y aumentarían las chances electorales del partido demócrata contra las políticas ambientalistas moderadas de los republicanos.
O sea necesitaba crear un mensaje apocalíptico para así impactar a los votantes sobre las bondades de un gobierno demócrata que solucionaría estos "graves" problemas.
Wirth y Gore, organizaron audiencias sobre el cambio climático ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de los Estados Unidos. Wirth llamó esta audiencia intencionalmente para el 23 de junio de 1988, el día que históricamente es el más cálido del verano de Washington y, la noche anterior, abrió las ventanas de la sala de audiencias para que el aire acondicionado no funcionase.
De acuerdo a Hansen, "un problema que tuvimos fue que el Congreso generalmente le gusta tener sus audiencias en otras temporadas y no en el verano, porque Washington es un lugar cálido y húmedo... sugerimos hablar sobre el calentamiento global durante el verano, porque la gente prestaría más atención. Y ciertamente funcionó bien en ese sentido".]
Ese día, con una temperatura de 38§ C, delante de 15 cámaras de televisión, en un cuarto lleno de periodistas, en el calor sofocante de la sala de audiencias, secándose el sudor de la frente, Hansen dijo "la Tierra es más cálida en 1988 que en cualquier otro momento en la historia de las mediciones instrumentales. Hay sólo un 1% de probabilidad de que un calentamiento de esta magnitud sea fortuito... Se ha detectado el efecto invernadero, y está cambiando nuestro clima".
Fue la primera vez que un científico de cierto peso mencionaba ante el Congreso la conexión entre las actividades humanas, la creciente concentración del dióxido de carbono y el calentamiento climático.
Después de la audiencia, Hansen dijo a los periodistas "es hora de dejar de vacilar y de decir que la evidencia es que el efecto invernadero ya está aquí".
Hasta ese momento, la certeza del cambio climático no era considerada suficiente.
"Comenzó el calentamiento global"
Sin preocuparse mucho por el peso de las observaciones, Wirth aseveró su creencia de que "la evidencia científica es apremiante. El cambio climático calienta la atmósfera terrestre".
Al día siguiente, el New York Times puso en su portada los titulares "Comenzó el Calentamiento Global". Encuestas realizadas en los meses posteriores al testimonio de Hansen hallaron que el 68 por ciento de los encuestados habían oído hablar del efecto invernadero, un gran aumento sobre el 38 por ciento que dijo lo mismo en 1981.
También los legisladores reaccionaron y a finales de 1988, 32 proyectos de ley relacionados con el clima habían sido introducidos en el Congreso.
Veinticinco años más tarde, el testimonio de Hansen ante el Congreso marca el punto de inflexión en la historia de este debate; cuando en los Estados Unidos la ciencia dio paso a la pseudociencia, a las creencias y a la política, y el calentamiento global pasó de tesis a consigna.

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