En sus primeros días como presidente, Mauricio Macri demostró que el cambio de gobierno equivale a un giro de 180 grados en la visión y en la ejecución de políticas con respecto al ciclo de doce años que lo precedió. Hubo muchas decisiones acertadas, pero hay algunos indicios que lo obligarán a recordar permanentemente que el país sigue siendo el mismo y que gobernar requiere capacidad para decidir y ductilidad para consensuar.
La firmeza exhibida para restringir al máximo las retenciones a las exportaciones y para iniciar una revisión de los impuestos al trabajo, y la premura para cumplir la promesa de levantar el cepo cambiario fueron muestras de sentido común.
Ningún país puede distribuir ingreso, trabajo y calidad de vida si no cuenta con un programa para generar actividad económica.
El nuevo gobierno heredó una economía paralizada desde 2011, cuando se intervino en forma irracional sobre el mercado cambiario para frenar el drenaje de divisas generado, justamente, por la ausencia de previsibilidad económica y seguridad jurídica.
La salida de ese estancamiento económico es imprescindible, ya que por ese camino la crisis social puede profundizarse y generar estallidos. Ningún país, como ninguna empresa y ninguna familia, pueden gastar más de lo que producen.
Normalizar el INDEC, facilitar las exportaciones y limitar la intervención burocrática del Estado son demandas, explícitas o implícitas, de la sociedad. Sin embargo, llevar adelante este proceso imprescindible de cambio enfrentará costos políticos, dificultades prácticas y resistencias.
Es esencial que se tomen lo recaudos para evitar que el costo de este conjunto de medidas no recaiga sobre el salario, las pequeñas y medianas empresas ni sobre ese enorme sector de la sociedad que sufre desempleo, desocupación encubierta o precariedad laboral.
Una devaluación del 42 por ciento del dólar oficial repercutirá en los costos dolarizados de las empresas, que lo trasladarán en mayor o menor medida a los precios y afectará al poder adquisitivo del salario. El presidente Macri deberá proceder con firmeza para evitar una disparada inflacionaria, considerando, sobre todo, que desde hace más de un mes, incluso desde antes del balotaje, muchas empresas habían aplicado aumentos preventivos.
Aunque el Gobierno cuente, en sus primeros tiempos, con la expectativa favorable de la ciudadanía, debe abordar la resolución de problemas tan graves como la recesión, la inflación y el déficit, combinados con la presencia de grupos de la nueva oposición que proponen explícitamente que se le impida gobernar. No basta para resolverlos con un plan completo de gestión ni con la firmeza de las decisiones. Es imprescindible que cultive la estrategia del consenso y que busque los caminos para alcanzarlo.
La designación por decreto de dos jueces de la Suprema Corte de Justicia en comisión fue un retroceso. Es cierto que el instrumento utilizado es legal, está contemplado en la Constitución Nacional y, además, resulta imprescindible completar lo antes posible el máximo tribunal. Pero lo legal no siempre es legítimo, y en este caso no lo fue.
El Senado que debe dar acuerdo a ambos magistrados, con la mayoría de opositores, forma parte del Congreso con el que el presidente Macri y su equipo deberán compartir cuatro años de gestión.
Las reuniones posteriores del primer mandatario con dirigentes de aliados y opositores son una señal de autocrítica que abre la posibilidad de corrección del rumbo. Sería riesgoso que el nuevo gobierno ignorara que la política es mucho más que gestión, eficiencia o espíritu de empresa.
La coalición Cambiemos debe tener presente, a cada momento, que en su triunfo electoral fue decisiva la demanda por una maduración institucional y, también, la saturación causada por una cultura política autoritaria, intolerante y absolutamente irrespetuosa del orden legal.
La designación de los jueces no puede compararse con la decadencia vivida en los últimos doce años, con ataques sistemáticos a la Justicia e intentos de someter a jueces y fiscales a la voluntad del grupo gobernante; no obstante, fue un gesto negativo porque en definitiva parece orientado en la misma dirección.
No cabe esperar paraísos ni milagros de ningún gobierno, pero es imprescindible evitar cualquier decisión que vaya en contra del espíritu democrático y republicano.

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