La adopción no es un procedimiento para aliviar la angustia que genera la imposibilidad de procrear. En cualquiera de los casos ya sean parejas, personas solas o menores que estén atravesando situaciones de riesgo por violencia o abandono, siempre habrá de considerarse el "interés superior del niño", que es uno de los principales estándares de la Convención sobre los Derechos del Niño (adoptada por la ONU en 1989). Si bien el procedimiento no debería presentar inconvenientes, desde que en la Argentina está la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines de Adopción (Dnrua), al cual recientemente se incorporaron provincias que no lo integraban, es de fundamental importancia tener en cuenta los dos aspectos a analizar: el interés del menor y la situación de los adoptantes, como también de qué manera en ese recorrido deben contemplarse no solo las cuestiones específicas del expediente judicial, sino que siempre se habrá de tener en cuenta que se está frente a lo más sensible del ser humano.
Por un lado está la madre, que por distintas circunstancias siente o se ve obligada a entregar a su hijo. Desde nuestra naturaleza prejuiciosa, muchas veces juzgamos con desconocimiento de las circunstancias que la rodean, siendo que esa mujer también necesita de apoyo y contención, tanto para poder elaborar la entrega de ese hijo como para buscar el camino de una posible solución a sus conflictos y, de esa manera, poder asumir su maternidad.
Etimológicamente "adoptar" proviene del latín "adoptare": "ad", es una preposición que significa va hacia y denota proximidad; en tanto que "optare" podría traducirse como deseo. El Diccionario de la Real Academia Española define a dicha expresión como prohijar: tomar como hijo, con los requisitos legales, a un ser humano que no es hijo biológico. En consecuencia, los que adoptan hacen realidad el deseo de tener un hijo, para amarlo, criarlo, protegerlo. A este aspecto, que conjuga los sentimientos y conducta humana, se agrega lo que exige la ley vigente.
Entonces, el camino de la adopción debe ser transparente desde lo legal, por lo tanto no puede ser un mero trámite, frío o carente de humanidad. Es en este punto en que se debe resaltar la importancia de la participación de los equipos interdisciplinarios. Por ser un tema de tanta sensibilidad, la conducción de todo el proceso debe estar conformada por profesionales muy capacitados, con experiencia y una mirada abarcadora de todo el proceso. La conformación del legajo, para cumplir con los requisitos del proceso de adopción, conlleva varios pasos que deben cumplimentar los postulantes; una vez cumplida esta etapa quedan incorporados al registro. A partir de ese momento ya hay una lista de personas que quieren adoptar; ya no son desconocidos, los conocemos, tenemos información de todos los aspectos de su vida, de su historia. El conocimiento es mutuo; es así como comienza un proceso que está relacionado con sus sentimientos, sus expectativas, angustias, miedos, dudas, necesitan contención, apoyo y asesoramiento permanente. Se deben conformar grupos de acompañamiento durante el tiempo de espera a fin de ir aliviando todos sus temores. Esta "espera", que ante la incertidumbre y el silencio -en muchos casos lleva años- genera frustración, provoca que muchas veces, al transcurrir tanto tiempo sin ningún tipo de respuesta ni apoyo, se toma la decisión de desistir o lo que es aún peor, lograr su deseo por la vía incorrecta.

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