Finaliza una etapa que no tuvo precedentes en el país ni en el resto del planeta, simplemente porque los gobernantes no suelen pelearse y maltratar al sector más competitivo de su economía.
Recién este jueves, mientras Mauricio Macri acomodaba su banda presidencial, los productores se pudieron sacar el estigma que los acompañó durante estos años: ser los enemigos del gobierno K. Fue, como se sabe, un "pierde-pierde".
Con la mejor oportunidad de los últimos 100 años, del 2003 al 2015 el volumen físico exportado de materias primas y manufacturas de origen agropecuario creció menos de 2% anual y el valor de exportaciones pérdidas llegó a 150.000 millones de dólares, según lo calculado por Juan Llach. Esto significó la pérdida de mercados en casi todas las actividades. Un regalo que agradecen nuestros competidores, como los ganaderos y frigoríficos uruguayos o paraguayos.
Su correlato fueron los actos de vandalismo como la rotura de silos bolsas en los campos, o la prohibición de obtener crédito en el Banco Nación para los que tenían soja almacenada o la infinidad de controles de la AFIP, las agencias de recaudación provincial y el Minagri. Sin olvidar que la carga tributaria al sector, en especial el agrícola, se mantuvo arriba del 50% sobre el promedio del resto de las actividades económicas.
Y como para dejar bien en claro que todas estas acciones tenían una razón de ser, Cristina Kirchner descerrajaba críticas y ahorraba elogios en sus mensajes. La modernidad, el conocimiento, los ejemplos a seguir y el agregado de valor estaban siempre en cualquier otra actividad, nunca en las que desarrollaba el campo.
Obligado por el calendario, el enfrentamiento entre el campo y el gobierno K llegó a su fin y trajo un evidente cambio de clima. Aacrea, por medio de una encuesta realizada hace menos de un mes a 1135 asociados, registra que el 75% de los empresarios agropecuarios prevén una recuperación para el país y sus empresas. Esto a pesar de que el 61% de las empresas les fue peor y está más endeudada que el año pasado. Cuatro meses antes, sólo uno de cada cuatro empresarios se mostraba optimista. En la ganadería esto se verifica en el proceso de retención de vientres. Según el último informe de Ciccra la participación de las hembras en la faena total fue de 41,3%, menor al registrado en noviembre del año que fue de 45,5%.
Ricardo Buryaille, ministro de Agricultura, jugará los primeros minutos del partido de su gestión con el viento a favor de estas expectativas. Les esta pidiendo además a sus colaboradores que sean agentes del cambio. Debe intuir que el principio de un ciclo no es lo mismo que el comienzo de algo nuevo.
De lo que se filtró, a pesar del cepo informativo que estableció Pro sobre las designaciones de secretarios, subsecretarios y directores de área, el equipo que se viene en el Minagri estará más focalizado en la gestión que en la política. De ser así, el tablero de juego sobre el que se desarrollan las 31 cadenas agroalimentarias será muy distinto al actual. El objetivo propuesto de ganar competitividad es un camino arduo y complejo que va más allá de la eliminación de las retenciones. Requiere tocar intereses, combatir la informalidad y revisar las cajas públicas y privadas que brindan prestaciones dudosas. Esto generará realineamientos de fuerzas, de alianzas y de adversarios.
Se fue Cristina, y hay un dar y ver de nuevo.

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Sección Editorial

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