Frente a las crisis económicas, el ahorro fue una manera de protegerse contra la inflación. Sucedió en todos los tiempos, antes con métodos inusuales, hoy más sofisticados.
Renee Campos, el recordado amigo, genial interlocutor de las cosas simples, recordando sus días de dirigente deportivo, un día me comentó que había un viejo comerciante, que hizo una fortuna trabajando desde abajo. Fue cosechando de a poco y, esa situación lo volvió desconfiado, no solo de los amigos, sino también de los propios bancos. "Un día yo necesitaba plata para pagar una operación comercial que había realizado y fui a verlo. Me dijo vení "Negro", -así le decían a mi amigo-, y me llevó hasta el fondo. Yo intrigado lo seguí, pero mi sorpresa fue mayor cuando encaró hacia el gallinero. Allí se paró y empezó a espantar a las gallinas. Dijo salí 'coloradita', al tiempo que sacó un tarro escondido en el lugar. Al destaparlo, salieron billetes todos dobladitos. La tarea no terminó allí, porque de inmediato se dirigió a otra gallina. Correte 'bataraza' y repitió la operación para sacar más billetes". El breve relato demuestra que siempre existió desconfianza para depositar los ahorros, pero el avance tecnológico, sumó otras variantes. Hoy el viejo y tradicional "chanchito" que forma parte de nuestra hermosa adolescencia ya es historia. Aunque felizmente los japoneses lo revivieron bajo el nombre de Kakebo. Es un simpático cerdito con gafas, símbolo de futuro y prosperidad que acompaña al ahorrador en su duro camino. No es un tipo de sudoku, ni una llave de karate. Kakebo en japonés significa "libro de cuentas para el ahorro doméstico" y ya es una práctica bien extendida entre los japoneses. Ahora, el Kakebo llega en castellano para todos aquellos que siguen pensando que su dinero tiene alas; es decir más que un método, una herramienta.
En estos tiempos, dónde el libro gordo de la corrupción, agrega todos los días nuevas páginas ya nada sorprende. El propio Néstor Kichner inauguró la muestra cuando construyó una bóveda gigante en Santa Cruz, capaz de albergar parte del Banco Central, después la galería se llenó con otros expositores. En General Rodríguez atraparon a José López, exfuncionario del gobierno anterior intentando ocultar dinero en un convento; algo estrafalario e inmoral. Como un aditivo más, ahora apareció en el patio de la casa del antiguo hombre de confianza de Daniel Scioli, una caja fuerte escondida en la panza de la estatua de un dragón. Este no tira fuego, la que hierve de bronca es la gente.

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