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El cine es libre y no tiene por qué someterse al rigor histórico
Eduardo García Caffi, presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, estuvo recientemente en Salta. Forjó una gran trayectoria en la cultura nacional tanto en ámbitos académicos, como en la función pública y en los medios de comunicación. Es investigador en Musicología y de la figura del general José de San Martín. Ha obtenido importantes premios por esta última actividad como las Palmas Sanmartinianas del Perú, otorgadas por el Gobierno de ese país por su destacada labor.
¿Se dimensiona la tarea de vigorizar la figura de San Martín cuando se comparte entre pares y cuáles son los ejes del pensamiento del general que lo vuelven tan destacado?
Efectivamente, a nosotros nos cuesta ver esto de vigorizarlo porque es nuestra tarea diaria. Pero, cada tanto indiscutiblemente vuelve porque me parece que el mensaje de San Martín es absolutamente permanente. Él trabajó sobre tres ejes: el primero, que es la guerra de la independencia necesaria para obtener la libertad; el segundo es que el crecimiento de un pueblo se hacía a través de la ilustración y las letras, porque fundaba bibliotecas en cada lugar donde le tocaba actuar; y el tercero es que la organización, el desarrollo y el ascenso social de una nación -no con estos términos porque no eran de la época- debían hacerse sin luchas fratricidas, y de hecho se rehusó a volver a la patria estando en 1829 en Montevideo. No desembarcó en Argentina y dijo la famosa frase de que no iba a desenvainar su espada para pelear contra sus paisanos. Estos tres ejes, la libertad como bien supremo, la educación como posibilidad de desarrollo y la armonía y la lucha no fratricida son el sustento y los valores morales de una nación.
¿Por qué sigue arraigado en la memoria de los argentinos como un ejemplo moral y por qué les cuesta tanto encontrar argumentos a sus detractores?
Sus valores han superado el tiempo y creo que con sus más y menos, hemos crecido bajo esos valores morales que entregó San Martín. Por eso permanentemente está en la memoria de los argentinos. Hace poco se hizo una encuesta y sigue siendo el argentino más reconocido y más valorado por la sociedad de nuestra patria, así es que nos sentimos privilegiados en poder trabajar investigando y divulgando la imagen del Padre de la Patria, que es un ejemplo de vida, una personalidad que, sin lugar a dudas, era consciente de la tarea que estaba realizando. Él cuidó mucho su vida pública y por eso es impecable y no lo digo desde el punto de vista de mi admiración personal, sino porque a sus detractores les costaba encontrar puntos para castigarlo.
En vísperas del Bicentenario del cruce de los Andes, ¿es posible restituir también un lugar preponderante en la historia a las centenas de anónimos involucrados en esta epopeya, sin apartarse del rigor histórico de las acciones?
Es posible y además es un deber nuestro. Nosotros lo hacemos permanentemente. Este año se conformó una comisión que integramos de homenaje al Bicentenario de los Andes y hay numerosas actividades y entre ellas está la nuestra, como partícipes importantes, dando el rigor histórico de las acciones y de los protagonistas -como bien decís vos- y comentando las anécdotas acerca de la preparación, la estructura, la comida, las cosas que fueron necesarias para este trayecto y luego para llegar y combatir. Y entre esas figuras recuperadas está fray Luis Beltrán, en cuyo honor se celebra el Día del Metalúrgico en Argentina. Él era un hombre con importantes conocimientos de química y física y quien armó la artillería, con fundición, con la suerte de que había buena condición de salitre y azufre.
La ficción sobre San Martín, que es la que tiene más llegada al público, ¿está reñida con la realidad?
En esto tenemos algunas divergencias con algunos colegas. Los hechos artísticos son libres y no tienen la obligación de someterse al rigor de la historia. El arte se proyecta y se ejerce con libertad y en esa libertad el artista puede crear. Las películas no tienen el deber de tener un rigor histórico. Yo creo que la divulgación es un elemento sustancial de la investigación. Muchas veces son necesarias la solidez y la puntualización de la información, pero son tan importantes como la divulgación. A veces puede ser mejor perdonar algún dato, mientras no se distorsione la verdad histórica de manera sustantiva, pero que pueda llegar masivamente y transmita el espíritu de la acción que se quiere relatar. Las emociones son las que muchas veces no solo abren el espíritu, sino la mente y hacen a las personas más receptivas para tomar ese conocimiento y volcarse luego a la instrucción.

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