Los clásico se definen por pequeños detalles que terminan inclinando la balanza para un lado u otro. Y Juventud Antoniana tuvo su momento y lo aprovechó. No así Gimnasia y Tiro. La diferencia fue mínima como el fútbol que se vio en el Gigante del Norte.
¿Por qué lo ganó el santo? Simple, sabe jugar este tipo de clásico. Tiene un crack como el Ratón Ibáñez que le sacó provecho a un pelotazo intranscendente, de los muchos que tiró el santo durante todo el partido, y que terminó en el gol de Gustavo Balvorín ante la pasividad de la defensa del albo. Después se cerró bien. Se abroqueló en su campo, apostó al contragolpe, y jugó un encuentro tácticamente impecable. Disciplinado. Le cerró todos los espacios a Gimnasia y Tiro y le dejó la pelota a aquellos que menos saben. Entonces el albo cayó en esos centros sin sentido. Centros "boludos" como diría Guillermo Barros Schelotto, que siempre caían en las manos de Lencina o en la cabeza de los defensores. Con diez hombres se llevó el premio mayor. Pero Juventud Atoniana no jugó bien. Sí fue inteligente y con eso le bastó, además de las variantes que puso en cancha Juan José López que le dio oxígeno a un equipo que futbolísticamente demostró poco y nada.
Pero claro, al hincha del santo nada de esto le importará, si se fue con el pecho inflado del Gigante del Norte, porque al fin y al cabo los clásicos se ganan, jugando bien o mal eso no poco importa, después estará en JJ López ser inteligente y saber sacar las conclusiones cuando la euforia le deje paso al análisis.
¿Por qué perdió Gimnasia y Tiro? Tuvo sus chances y las desperdició. Llegó cuatro veces, en dos de ellas Lencina ganó los duelos, y las otras dos terminaron en el alambrado olímpico. Y en un clásico donde las chances son pocas, donde los espacios escasean, es dar demasiadas ventajas. Mostró la misma dificultad de la temporada anterior, llega pero yerra mucho. No la mete. Pero además, cuando tuvo un jugador demás, no supo resolver el "jeroglífico" que le planteó el santo.
A esto le sumó la equivocación en las variantes que propuso José María Bianco. El Chaucha desarmó el doble cinco, sacó a Saavedra y puso a Espíndola, y mandó a Pablo Motta como doble cinco junto a Young. El "enroque" que propuso le salió
mal, porque Motta no agarró la pelota, se perdió en el medio y ni atacó ni defendió ni jugó. Después apostó a Ceratto cuando la desesperación, el nerviosismo y el descontrol ya se habían apoderado de todo Gimnasia y Tiro. El albo mostró cosas positivas pero mucho más negativas en un clásico donde el fútbol estuvo ausente.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia