La paralización que ocurrió en el ingenio San Martín del Tabacal es una seria amenaza para la paz social y para la economía del norte salteño. El conflicto, que se prolongó por casi tres meses y que solo llegó a su fin con la agónica intervención de la Iglesia, desborda los límites de una controversia gremial normal y pone entre paréntesis las posibilidades reales de desarrollo de Orán, y también de San Martín y de Rivadavia. Esos departamentos reúnen muchas de las condiciones posibles para el crecimiento económico y la industrialización, pero carecen de una política pública de desarrollo regional y no logran ofrecer las garantías políticas y jurídicas a los inversores ni a los asalariados.
Es evidente que entre la empresa, una de las más antiguas y la mayor generadora de empleo genuino en el sector privado, y el sindicato azucarero local no existe el clima imprescindible para el diálogo. Es probable que ambas partes tengan algo de razón, pero ningún gremio dispuesto a velar por la fuente de trabajo de sus representados realiza un paro extremo y carente de un espacio de negociación frente a una empresa que brinda condiciones de trabajo superiores a la media que se registra en esa región salteña.
El desacato a la conciliación obligatoria que impuso el Ministerio de Trabajo de la Nación es una decisión que puso en duda la sensatez de la dirigencia y colocó a la medida en los márgenes de la ilegalidad.
Es sorprendente, asimismo, que un plan de lucha de esta magnitud se produzca en el ingenio salteño, cuya escala salarial es superior a la que acordó el sindicato a nivel nacional, y que este fenómeno venga repitiéndose desde hace siete años.
Muy distinta resolución tuvo el conflicto desencadenado en el ingenio La Esperanza, en Jujuy, donde el gobernador Gerardo Morales convocó a una asamblea de la que él mismo participó.
El normal desarrollo de las actividades en El Tabacal no es un interés exclusivo de la empresa, sino de todo el norte salteño.
Se trata de una industria alimentaria, que produce azúcar para el mercado interno y para exportación; además, participa en la producción de biocombustibles derivados de la caña de azúcar, y de energía eléctrica.
Su importancia no legitima abusos de ningún tipo, pero tampoco autoriza a los sindicatos a desarrollar acciones compulsivas, muchas veces violentas, que comprometen el funcionamiento del circuito productivo.
La pasividad de los ministerios de Trabajo, provincial y nacional, frente a una situación de emergencia causada por el extensísimo conflicto, motivó la intervención del obispo de Orán, Gustavo Zanchetta. No obstante, no puede pasarse por alto que la crisis laboral y los hechos de violencia producidos en estos días debieron ser abordados con profesionalidad e inteligencia por los poderes del Estado, habilitados para hacerlo por las leyes laborales, incluso antes de que el conflicto estallara.
El norte salteño sufre, desde hace años, un proceso de degradación laboral y social que debería ocupar el centro de las preocupaciones de la provincia. Los mismos intendentes admiten que la paralización de la actividad agrícola, ganadera, frutícola y maderera ha convertido a los municipios en cajas de empleos ficticios y mal pagos. El narcotráfico se fue convirtiendo en la fuente de ingresos de muchas personas, mientras proliferan los hechos de violencia social.
La comunidad salteña debe decidir si realmente está dispuesta a tomar el camino de la industria agroalimentaria, que es la actividad para la cual cuenta con ventajas comparativas, o si se resignará al subdesarrollo de una de las regiones con mayor perspectiva de futuro.
El conflicto de San Martín del Tabacal se convierte así en un caso testigo. De repetirse estas situaciones, es probable que surjan propuestas de hacer allí experimentos intervencionistas o cooperativistas, que siempre terminan convirtiéndose en multiplicadores de miseria. En cambio, si las autoridades, con el concurso de trabajadores y empresarios, toman el toro por las astas y se ponen a la vanguardia de una solución firme y a largo plazo, Orán, San Martín y Rivadavia podrán iniciar una nueva historia, mucho más próspera.

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Sección Editorial

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Norberto Maidana
Norberto Maidana · Hace 3 meses

el tonto este quiere ser Presidente, nunca esta cuando tenemos problemas en el norte, es un inutil.

Carlos Alberto Orona
Carlos Alberto Orona · Hace 3 meses

Otra vez el norte viviendo estas situaciones sociales que hacen retroceder y sin solución. Pregunto donde esta el gobernador de salta?....nunca esta donde debe estar viendo la situación, recorriendo el interior, por favor. Nuevamente esta situación como fue en Mosconi hace un tiempo, ahora Oran, donde estan los que prometieron obras y trabajo para el Norte. Realmente se tendrian que ir todos, antes fue Romero y ahora Urtubey que estan haciendo por Salta....donde viven!!!!!!!!


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