Angustia e impotencia fueron los sentimientos del dirigente aborigen de la etnia wichi Antonio Cabana quien, para evitar que su hijo adolescente que al parecer estaba padeciendo los síntomas propios delconsumo de drogas, se dañara a sí mismo o algún miembro de su familia, debió amarrarlo con una cadena a un árbol de la humilde comunidad ubicada al este deTartagal.
Cabana es cacique de la comunidad Tonono, ubicada a 40 kilómetros. Pero como es propio de las familias wichi, que continuamente cambian de residencia, actualmente residen en la Comunidad Kilómetro 4.
El drama del cacique Cabana es el mismo que ocurre a diario entre las familias originarias. Y es que el paco, la más barata y perjudicial sustancia alucinógena para el cuerpo y la psiquis de las personas, está haciendo estragos entre las comunidades de todas las etnias y tiene como principales víctimas a los niños y adolescentes.

"Ya no sé qué hacer"

Todavía conmovido por la situación, Antonio Cabana le relató aEl Tribuno: "Tuve que atar a un árbol a mi hijo de 15 años porque estaba totalmente enloquecido con esa porquería que le venden, acá mismo, unos vecinos", relató señalando a una precaria vivienda cercana, donde, al parecer, los chicos de las comunidades ubicadas a la vera de la ruta nacional 86 consiguen paco y pasta base de cocaína.
"Hace unas semanas vino la Brigada y se llevó como testigo a mi señora, porque los llevaron presos a los que venden drogas en la comunidad, pero los soltaron en seguida y siguen en lo mismollevaron presos a los que venden drogas en la comunidad, pero los soltaron en seguida y siguen en lo mismo, así que ya no sé qué hacer para que mejore la situación", dijo Cabana.
"Mi hijo tiene 15 años, me roba lo que encuentra a mano, cualquier cosa, con tal de tener plata para comprar droga. Me presiona todo el tiempo para que le dé dinero y como no le quiero dar me amenaza con que me va a matar apenas cumpla los 18 años. El viernes estaba demasiado perdido, así que tuvimos que atarlo con una cadena al árbol", lamentó.

No quisieron detenerlo

"Me fui hasta la Policía y al rato vino un móvil, pero me dijeron que ellos no lo podían llevar porque no había cometido delito alguno. Así que lo tuve que volver a atar, esta vez a la cama, para que descansara. Como a las cuatro de la mañana, cuando estaba más tranquilo lo desatamos, pero lo estamos cuidando para que no haga daño. Es que, si no lo cuidamos, seguro que se va a hacer daño a sí mismo o a cualquier otro miembro de la comunidad. Es muy triste lo que estamos pasando los indígenas", señaló.

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