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A los gobiernos los eligen los ciudadanos y los condicionan las "elites".
¿Qué son las elites? Grupos de interés que viven del sistema político, se sienten satisfechos y que no les conviene ningún cambio. Cuando los gobiernos alternan, los grupos de interés son débiles, de lo contrario adquieren fuerza y decisión. En la filosofía política se habla del "triángulo de hierro" (Milton Friedman, "La tiranía del status quo", 1984). Se trata de una trilogía compuesta por los burócratas, los beneficiarios de políticas anteriores y los miembros del partido que priorizan las políticas clientelares sobre las reformas estructurales. Casi siempre ese "triángulo de hierro" acaba por imponerse, manteniendo el status quo y frustrando cualquier cambio.
Los grupos de interés rápidamente se acomodan a cualquier gobierno (democrático o dictatorial) y lo someten. Los ciudadanos en poco tiempo, al ver que no pueden cambiar las cosas, empiezan inconscientemente a justificar el sistema.
Hace 70 años que los argentinos convivimos con el peronismo en el poder. Primero con el peronismo de las "masas"; después con el peronismo de "la venganza y el odio", que "reinó" desde fines de los 50 y hasta la primera mitad de los 70; más tarde, con el peronismo del "aniquilamiento" que gobernó con uniforme militar desde el 1976 hasta 1983. No fue mucho el tiempo que Alfonsín pudo resistir y el "peronismo golpista" lo condujo con paciencia hasta derrocarlo en 1989. En 1990 el peronismo se puso el saco "capitalista", hasta que en 1999 advirtió el error de gobernar copiando modelos ajenos y astutamente depositó la "bomba" en manos de De la Rúa. Una vez que ésta explotó, retomó el poder con aire salvador en 2001 y terminó de destruir a la Argentina con Néstor y Cristina a la cabeza.
El peronismo no tiene principios ni ideologías. Los peronistas venden juguetes el Día del Niño, corbatas el Día del Padre, vestidos el Día de la Madre, útiles escolares en marzo y globos navideños en diciembre. Si ven cerca un delantal gritan por los derechos docentes; sin huelen medicamentos elogian el "sacrificio" de los médicos; cuando ven golosinas se convierten en defensores de los niños.
Mientras un compañero hecha agua con una regadera, otro vende paraguas y mientras uno aumenta la temperatura, el otro ofrece ventiladores. Se aliaron con los militares para derrocar gobiernos democráticos o aniquilarlos. Años después encarcelaron a sus socios y descolgaron el cuadro de Videla. Maltrataron a los empresarios para que no puedan ofrecer empleo, luego incorporaron millones de desempleados a la administración pública. Pusieron una fábrica de excluidos e ignorantes, y la llamaron Ministerio de Desarrollo Social y Ministerio de Educación; cuando "fabricaron" suficientes pobres les dieron un subsidio, energía gratis y bolsones de comida.

Primero el partido, después la Patria

El peronismo considera a la Argentina menos importante que el partido. Para ellos ser "peronista" es mas distinguido que ser argentino. Por el "partido" no dudan en violar la Constitución Nacional cuantas veces sea necesario. Nunca verá un peronista llorar cantando el himno nacional, pero sí al cantar "la marcha".
El "triángulo de hierro" argentino empieza y termina en el "peronismo". Porque el "peronismo" dejó de ser un partido político y se convirtió en un "rejuntado" de "grupos de interés". Los peronistas con cierto nivel intelectual e integridad moral se alejaron. Quedaron las madres y abuelas, "piqueteros", sindicatos, políticos de pocas luces, empleados y "contratados" de los últimos años y los empresarios que vivían de Báez y de López. A todos estos grupos podríamos concentrarlos bajo el título de "peronistas subsidiados", porque dicen ser peronistas, "viven de nuestros impuestos" y no se conoce donde trabajan.
Cuando la administración del ingeniero Macri quiso construir consenso para alcanzar un pacto político, advirtió que sin un "partido" que encauce sus apetencias, los grupos de interés nacidos bajo las alas del peronismo quedaron a la deriva, pero dispuestos a todo por sobrevivir. En definitiva, el "tumor" peronista hizo "metástasis", impregnando el tejido social y las instituciones democráticas. La metástasis del peronismo son los piqueteros, los sindicatos y la burocracia estatal.
León Trotsky (1879-1940) en la La revolución permanente (1930) fija las bases para que grupos de interés asuman el control de un Estado y de su pueblo. Sus premisas son dos: debilitar al Estado y someter a la clase media. Lo primero se logra corrompiendo las instituciones públicas y lo segundo, atemorizando con un estado de guerra permanente. La "revolución permanente" fue una expresión muy usada por la administración Kirchner para saludar o despedir durante eventos públicos a la masa que los arengaba.
Con las instituciones estatales debilitadas y la clase media sometida, los piqueteros, los sindicatos y la burocracia estatal poco a poco van asumiendo el control de la Argentina. No tienen jefes políticos. Para ellos Perón y Evita son "caras de afiche" y Cristina ya no existe.
Muchos legisladores del FPV no se atreven a contradecirlos por miedo a terminar como Alberto Nisman. Los peronistas "jugaron" tanto al populismo de Estado, que sus "criaturas" se lo comieron y ahora van por todo. Esas "criaturas" saben que sólo subsistirán en el "caos". Pueden acordar "treguas" pero nunca permitirán el fin de la guerra.

La grieta

Gobernar un país en el que la mitad de su población quiere paz y progreso y la otra mitad quiere guerra y mediocridad es el desafío de la administración Macri, pero ese desafío debe empezar a recorrerse con un sinceramiento frente al pueblo.
Primero, explicar que nuestra riqueza no alcanza para mantener a la mitad de la población sin trabajar y, segundo, demostrar que nuestras instituciones están en ruinas. Las escuelas no educan, los hospitales no curan y la seguridad no cuida. Las instituciones de ayuda social son sedes de La Cámpora. Los jueces no hacen respetar la Constitución y los tratados internacionales. No advierten el daño que provocan. En el mundo un país que no respeta su Constitución ni el derecho internacional sólo es tenido en cuenta para el tráfico de drogas, el lavado de dinero y el terrorismo sin estado.
Suele decirse que en Argentina sólo puede gobernar el "peronismo". La verdad es que el peronismo -esencialmente trotskysta- aplica la revolución permanente para que eso sea así. Esto sucedió con mayor o menor evidencia los últimos 70 años. Que no suceda los próximos 70 depende de 3 cosas: que la administración Macri dedique tiempo a explicarlo, que el pueblo acepte el desafío de "cambiar" y que ambos asuman que el alivio económico que pronto llegará es sólo pasajero si no se enfrenta el problema de fondo.

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