Existe una creencia generalizada que supone que el trabajo ejecutado en días sábados o domingos, implica, per se, un automático recargo salarial. Esta creencia se basa en un criterio lógico, en el sentido común que nos indica que quien sacrifica los días clásicamente afectados al esparcimiento, a la familia, a la religión, etc. debe tener una adecuada compensación. Pero lógica y derecho no siempre van de la mano (generalmente guardan una insalvable distancia, que no contribuye a un mundo más equitativo). Lo cierto es que, en nuestra legislación, el trabajo en los fines de semana no tiene ninguna retribución especial, salvo cuando provoca un exceso en la jornada semanal. En este caso no se retribuye por afectarse el descanso, sino simplemente por superar el máximo horario permitido. El sistema establece que si un trabajador es afectado en su descanso de sábado o domingo solo tiene derecho a un descanso compensatorio que en la semana siguiente- deberá otorgarle el empleador. Si el empleador no lo hace, el trabajador tiene el derecho, por su propia decisión, a tomarse los descansos omitidos en la semana subsiguiente. En este último caso como sanción al empleador, el trabajador también tendrá derecho a un 100% de recargo sobre el descanso no otorgado. Pero si no lo hace en la semana subsiguiente el trabajador perderá definitivamente el derecho a gozar del descanso o a obtener ese recargo salarial.

Descanso y salud

Esta normativa, tan contraria a los intereses de los trabajadores, no es como podría suponerse: un resabio de los distintos recortes que se produjo a la legislación laboral durante la última dictadura militar. No. Pertenece a la redacción originaria de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) en 1974, en pleno auge del poder sindical que había obtenido, en ese año, numerosas conquistas sociales. Lo que ocurrió fue con cierta ingenuidad: el legislador de entonces pensó que dándole al trabajador esa posibilidad de tomarse el descanso "de prepo", más el incentivo del recargo, se daba una solución a una cuestión vinculada con la salud de los empleados. Recordemos que el descanso es una necesidad biológica, social y cultural del ser humano requerida para su reposo y recuperación. Lo que se pretendía al sancionar la LCT era que el trabajador no "vendiera" su salud a cambio de un plus salarial. Similar solución se adoptó en torno del descanso anual, las vacaciones. Si la empresa no las otorga hasta el 30 de abril de cada año, el trabajador tiene derecho a tomársela por propia decisión en el mes siguiente. Lo cierto es que en más de cuarenta años de vigencia de la norma ningún trabajador se atrevió a tomarse, por sí, el descanso omitido (semanal o anual), lo que sin duda se traduce en un enriquecimiento ilegítimo del empleador y en una competencia desleal frente a las empresas que cumplen adecuadamente con las disposiciones legales. Estas normas que necesitan una urgente revisión, sin embargo, no son materia de iniciativas legislativas. Llamativamente en estos últimos años, y particularmente en estos días, el gran debate gira en torno al tema del impuesto a las ganancias. Esta cuestión, en realidad afecta solo la porción más beneficiada entre los trabajadores, mientras que la cuestión de los descansos aflige a muchos que son explotados con jornadas extenuantes. No estaría mal recordar que la primera ley laboral argentina, del año 1905, establecía la "prohibición" del trabajo en día domingo.
Cabe aclarar que para establecer el régimen aplicable siempre debe consultarse también el Convenio Colectivo aplicable ya que algunos de ellos han establecido disposiciones especiales en cuanto al trabajo en días sábados y domingos (p.ej. transporte de pasajeros y de carga) o la posibilidad de su acumulación (p.ej. actividad minera).

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