Un día después de que el Congreso brasileño aprobara el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff y la separara del cargo por 180 días, otra líder de alto carisma popular, Cristina Kirchner, sufrió un traspié judicial que compromete seriamente su futuro. La expresidenta argentina está acusada de convalidar la operatoria con cheques a futuro causando un perjuicio al Tesoro. Dilma cayó por tomar préstamos de bancos estatales para ocultar un profundo déficit; es decir, ambas colapsaron por cuestiones económicas, que profundizaron la debacle política.
La derrota del presidente Evo Morales en el referéndum del 21 de febrero en Bolivia fue un nuevo síntoma del ocaso de los caudillos populistas de América Latina, y del inicio de un nuevo ciclo político: la era del pragmatismo. Después de 25 años de consignas ideológicas primero con los gobiernos neoliberales de la década de 1990, y más recientemente con el socialismo del siglo XX del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez en la década del 2000, los latinoamericanos se hartaron de eslóganes. Hay una creciente fatiga ideológica y, en el caso argentino, la Justicia despertó del letargo.

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Sección Editorial

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