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El empleo informal argentino es complejo
Para entender el problema particular de losmanterosse debe partir de un paradigma complejo.
Un primer análisis es que el vendedor callejero está en unmercado laboralen negro; segundo, en esa informalidad van creándose nichos concentradores de mercaderías como las llamadas saladitas que tienen la oferta para un segmento de clientes con demandas a bajo precio y, el tercer análisis del fenómeno es el impacto de la economía en negro argentina que golpea al fisco con magras recaudaciones.
Para el Indec, sospechado de subregistros, la informalidad laboral en el país supera el 34%; los cuentapropistas son más de 7 millones.
Parte del perfil de la informalidad laboral argentina tiene un espacio urbano, la calle. Sus operadores en la vía pública están sospechados de comercializar mercadería robada, de evasión fiscal y eso implica también el trabajo esclavo, talleres clandestinos, trata de personas, contrabando, corrupción y falsificación de marcas, entre otros ilícitos.
El paradigma que incluya las variables posibles del fenómeno podrá analizarlo desde lo urbano, económico, político y jurídico, además desde lo administrativo y la seguridad pública. Con esa mirada abierta podrá el Estado formular una política pública para tremenda complejidad que es hasta cultural.
El principal obstáculo que existe para abordar los otros problemas del "negocio" callejero es la economía subterránea, ya que alimenta con lucro la supervivencia de este tipo de comercio. Los operadores subterráneos se multiplican porque la economía en negro los fomenta. Es evidente un círculo vicioso.
El trabajo "basura" como lo llama la Organización Internacional del Trabajo es patológico y en el sistema crea ofertas y demandas anárquicas.
La ilusión de lo subterráneo es que algunos de sus actores creen ser emprendedores, como los formales.

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Sección Editorial

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