La Puna argentina es un territorio pletórico de maravillas naturales.
El Cono de Arita, los Valles de la Luna, los "Paisajes Marcianos", las Cordillera de la Sal, los volcanes y salares, los Ojos de Mar son algunos de los rasgos fisiográficos, geoformas o geositios de gran interés paisajístico.
Entre estos sitios que atraen por su belleza intrínseca y potencial escondido se encuentra Tocomar. Allí confluyen distintos elementos geográficos y geológicos, además de arqueológicos e históricos, que hacen de él un sitio singular.
Ni siquiera hay que apartarse del camino para visitarlo, ya que la propia ruta pasa por el lugar.
Más específicamente la ruta nacional 51 que va a Chile y une en ese tramo a San Antonio de los Cobres con Olacapato. Desde abra de Alto Chorrillos (4.560 msnm) se baja la cuesta y se llega a la vega de Tocomar, un oasis verde esmeralda en medio del desierto puneño. Es esta vega un hermoso bofedal o pantano somero, con agua todo el año, siempre verde y hábitat de numerosas especies de aves, especialmente patos, guayatas (gansos andinos), queos, teros, teritos y algún que otro pájaro andino.
Para mayor precisión puede consultarse el libro "Aves de la Puna" (Mundo Gráfico Editorial) del ornitólogo Daniel Rodríguez.
El camino andino
El territorio fue lugar de paso de los viejos cazadores recolectores y luego morada circunstancial de distintos pueblos andinos.
Los antiguos viajeros de la Puna mencionan siempre a Tocomar en sus escritos, relatos y memorias. Y ello en razón de que el lugar fue el paso obligado de carros que transportaban el borato, de los arrieros con sus mulas o ganado a pie, así como de baqueanos, viajeros, exploradores, científicos, mineros, turistas y de todos aquellos que por placer o por trabajo recorrían o recorren hoy la Puna salteña. Abraham Becerra en su viaje minero de 1887 menciona las fuentes termales de Tocomar y la presencia de abundante obsidiana (­en trozos de hasta 6 libras!).
Para los viejos arrieros, la vega de Tocomar, un paraje verde húmedo en medio del reseco desierto, brindaba agua y pastos a los animales y además las rocas de los alrededores servían de abrigo y albergue. Pero hay algo más valioso aún. Parte de las aguas salen calientes.
Se observan varios ojos de aguas termales y en el principal la gente de Vialidad construyó hace varias décadas una casilla de piedra para baños o balneoterapia. En las mañanas heladas el aire se llena de vapor de esas fuentes calientes. A escasos cientos de metros se encuentran las vías del ramal C-14 Huaytiquina del FFCC General Belgrano.

Las aguas de Tocomar son termo-minerales, salobres y brotan entre 30 y 70 grados centígrados, aunque se han registrado valores de hasta 80§ C. Según el estudio efectuado por el geólogo José I. Ferretti se trata de aguas cloruradas alcalinas, mayormente de origen meteórico, que por su composición química estarían indicando temperaturas de los reservorios profundos de hasta 160§ C. Entre los elementos analizados se tienen calcio, magnesio, sodio, potasio, litio, boro, cloro, sulfato y ácido carbónico, además de la acidez (PH) y la temperatura (Véase al respecto: Ferretti, J. I. y Alonso R. N., 1993. Geoquímica del campo geotérmico Tocomar, Salta. XII Congreso Geológico Argentino, Mendoza, Tomo V, pp. 311 316. Buenos Aires).
Los travertinos son de colores claros, blancos a cremas, y algunos tienen calidad de ónix. Fueron explotados eventualmente a lo largo del siglo XX.
Una gran fractura
Otro dato de interés es que las fuentes están sobre una gran fractura de la corteza andina que es el lineamiento Calama Olacapato-Toro. Lo destacable es que hubo en Tocomar un importante campo geotérmico que probablemente estuvo funcionando los últimos 300 mil años. Todavía se observan restos de amplios mantos de travertinos, rocas sedimentaria de origen parcialmente biogénico, formada por depósitos de carbonato de calcio y que se utiliza con frecuencia como piedra ornamental en construcción, tanto de exterior como de interior. Están colgados de las laderas del pequeño cañón de Tocomar y también conos de antiguos géiseres que conservan la salida de aguas frías, salobres, ferruginosas con abundante burbujeo de gas carbónico. Los travertinos son de colores claros, blancos a cremas, y algunos tienen calidad de ónix. Fueron explotados esporádicamente a lo largo del siglo XX. Un estudio de dichos travertinos se debe a Luciano Catalano en 1964. Las rocas que rodean Tocomar, en su mayoría de origen volcánico (coladas y cenizas), y edades de menos de 10 millones de años (Neógeno, Mioceno), están fuertemente alteradas por hidrotermalismo. Incluso algunas de esas rocas están silicificadas y tienen contenidos anómalos en oro.
La pregunta es ¿yacerá un depósito aurífero debajo de Tocomar?
Las termas y las tormentas
A su vez Tocomar es vecino del sistema termal de Antuco, del cual está separado por el llamado "Campo Amarillo", una llanura suave con pajas iru que le dan la coloración al paisaje. El lugar, apreciado por las vicuñas, es temido por los automovilistas en razón de los fuertes vientos y tormentas de arena que en cuestión de minutos pueden dejar pulidos e inutilizadas las lunetas, ópticas, pintura y el parabrisas de los vehículos. Antuco es conocido por estar depositando actualmente sales varias y por el contenido en litio y boro de sus aguas termales.

Las aguas de Tocomar y Antuco convergen y juntas se unen para formar un cauce que corre algunos cientos de metros antes de insumirse en un terreno gravoso y alimentar el sector sur del salar de Cauchari.
Ambos campos, de acuerdo con los estudios de geólogos de la Universidad de Barcelona, estarían relacionados con la cámara magmática activa y profunda del volcán Tuzgle.
En una época en que tanto se habla de las energías alternativas, entre ellas la geotérmica, el campo termal de Tocomar-Antuco y el del propio Tuzgle contienen un extraordinario potencial energético inexplotado. Tocomar es todavía una fuente de calor residual. Sin embargo, por los restos de terrazas travertínicas y los conos geiserianos extintos, debió ser en el pasado un extraordinario campo geotérmico como algunos de los conocidos a nivel internacional.
Hay que tener presente que cuanto más atrás retrocedemos en el tiempo, mayor era la energía térmica del sistema y mayor también la cantidad de agua disponible.
Ello en razón de que hubo épocas con glaciaciones, desglaciaciones e incluso lagos en donde hoy se extienden los salares. Debió de ser un espectáculo apasionante ver salir decenas de chorros de agua hirviendo del interior.
El nombre de un paraíso
Lo que no queda claro, al igual que muchos otros topónimos de la Puna, es su origen. Hay cierto consenso en que sería una palabra de origen cunza o atacameño.
Para algunos derivaría de piedra o peña, otros la relacionan con gusano y finalmente hay quienes dicen que significaría chorrillos de agua o cordillera (véase Ronaldo Braun Wilke. "Rastros de Atacama en el NOA", Ediunju, 2012). También podría derivar del quechua en el sentido de roca que suda o transpira. En apretada síntesis, Tocomar es un bello lugar de la Puna salteña que combina magia, energía y color, el que debería ser agendado como sitio turístico, y que merece ser visitado no solamente para disfrutar de sus espectaculares aguas minerales calientes sino también para poder contemplarlo con nuevos ojos.

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