El papa Francisco exhortó a los argentinos a "ponerse la Patria al hombro". En el acto me surgió la pregunta ¿Cuán pesada será la Patria? ¿Podremos soportarla entre todos?. Y bueno, depende del tamaño de los hombros, pero también del peso de la Patria.
Todo esto a raíz del saber que se puso sobre la mesa: en la Argentina hay por lo menos 14 millones de pobres, 2 de los cuales no comen todos los días o comen carroña. Así de duro.
Con su homilía, el Papa expresó con contundencia admirable la manera de abatir la pobreza: crecer o redistribuir. Ese es el problema y esa la elección. Por fácil que sea decirlo y difícil de implementar, no vamos a dejar de decir lo que corresponde decir: de la pobreza se sale de dos maneras, creciendo o redistribuyendo. Cuando no se crece, la segunda es la única opción; y cuando se quiere lograr algo inmediatamente, también. El crecimiento requiere de tiempo, regularidad, decisión y metas de estado, no de gobiernos. Ponerse la Patria al hombro es esforzarse por crecer o redistribuir sin quejarse. Nada de esto hicimos los argentinos nunca jamás.

¿Se puede crecer a la velocidad necesaria?

¿Crecer a qué velocidad? Esta pregunta alude a dos preguntas previas: ¿A qué velocidad está creciendo la economía y a qué velocidad debería crecer para abatir la pobreza. La respuesta a la primera es: a cero. La Argentina hoy tiene crecimiento cero y la conserva desde 2009 (con algunas rarísimas excepciones), meses más, meses menos. ¿A qué velocidad debería crecer? Al 16% por año, durante los próximos 4 años.
Ese número duplica al alcanzado por los países que más crecieron en la historia del capitalismo mundial. Por ejemplo, los así llamados Tigres y Dragones Asiáticos, durante las décadas de 1960 y 1970, crecieron enormemente, y sus tasas apenas lograron superar el 8%.
En contraste, la economía Argentina nunca pudo lograr ni la mitad de esas tasas de crecimiento en períodos medianamente prolongados que es lo que se requiere. Según los datos del Banco Mundial, el país tuvo el mejor desempeño en la región en reducir la pobreza e impulsar el bienestar económico entre 2004 y 2008. En ese período los ingresos del 40% más pobre de la población crecieron a una tasa anual del 12%, más rápido que el crecimiento promedio del 7,6%. Además hay que tener en cuenta que estas tasas se registraron por el cortísimo período de 4 años. Con eso no hacemos nada.
Entonces, a la pregunta ¿se puede crecer a la velocidad necesaria?, la respuesta es "NO", por mucha buena voluntad que ponga el Gobierno y por muy alineados que estén los planetas.

¿Qué hacer entonces?

Creciendo a una tasa moderada (como el 3,5% previsto por el gobierno) y sin tocar la distribución del ingreso, la Argentina podría en 20 años alcanzar el objetivo de pobreza monetaria cero. Que se entienda bien por favor: crecer a un 3,5% durante 20 años.
"Y, doctor, ¿no se puede acelerar el progreso?" Sí se puede, con una política redistributiva. Pero toda política redistributiva sin crecimiento es un juego de suma cero (lo que gana un jugador lo pierde el otro) y eso genera conflicto, necesariamente.
Y ahí viene lo atinado de la homilía papal: "ponerse la patria al hombro". En eso consiste, claramente. Así como crecer a una tasa del 3,5% por año requiere 20 años de esfuerzo (China lo hizo a salarios de hambre), redistribuir para bajar pobreza ahora, en lo inmediato, implica que todos los que no somos pobres debemos transferir ingresos a los pobres.

¿Es eso posible?

Me aventuro a diagnosticar que no, absolutamente. Todo parece decir que los sectores medios están descontentos con la detracción de una parte de su salario en concepto de impuesto a las ganancias, las empresas nos hacen ver que en realidad los precios de los productos que ellos venden serían mucho más bajos de no existir la presión fiscal efectiva. Mire el lector la factura de luz, gas o cualquier servicio y constatará: precio sin impuesto y precio con impuesto.
Me imagino al gobierno del presidente Macri decodificando el mensaje del Papa y pidiendo a los argentinos "ponerse el país al hombro": aumentemos la alícuota del Impuesto a las Ganancias o bajemos el límite no imponible. ¿Qué pasaría en la sociedad?
Con los datos que nos pasó el INDEC el miércoles yo calculé que cada argentino activo (ocupado) debería transferir un poco más de $1.000 por mes a cada familia pobre y con eso tendríamos pobreza cero ya, inmediatamente. ¿Es eso posible? Creería que no, y no por falta de voluntad o empatía de la sociedad por los pobres, sino por una desconfianza generalizada a los responsables del reparto. Dicho en otros términos ¿Creemos en Robin Hood? ¿Creemos en que hará lo que deba hacer o embolsará la recaudación en bolsos y buscará un convento para esconderlos?
Quizá la solución pase por otro casi imposible: cobrarle los impuestos a los súper ricos. Ya hubo intenciones de hacerlo y todas ellas terminaron mal. Repasemos nuestra historia desde 1930 en adelante y no tardaremos en verificarlo. Pero no deja de ser una, sino la única posibilidad del plazo mediato, de la pobreza cero.
Los mil pesos mensuales que necesitamos para abatir la pobreza es una cifra inconcebible para un jefe o una jefa de familia que gana 12.600 pesos por mes y que está entre los no pobres, pero no es para nada inconcebible para el 1% más rico que concentra el 17% de la riqueza nacional.
Por algún lado hay que empezar.

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