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El espejismo Isela Constantini
Aerolíneas Argentinas fue uno de los temas difíciles que debió encarar la gestión Macri. Se trata de una cuestión que afecta directamente a menos del 5% de la población, que son sus pasajeros de nacionalidad argentina, pero que tiene un costo fiscal estimado de 600 millones de dólares (hasta ahora, nadie se animó a firmar los balances de 2014 y 2015).
Pero, al mismo tiempo, es un tema muy sensible para el imaginario popular que cree, casi religiosamente, en la empresa estatal como símbolo, y, por eso, se coló en la campaña electoral, al punto que Macri dijo en el lanzamiento de la misma que Aerolíneas Argentinas 'se mantendrá en el Estado, pero administrada de manera eficiente'.
Hasta ese momento el actual presidente había sostenido que la empresa debía ser privada, pero allí demostró que campañas son campañas.
Pasó el tiempo, Macri ganó las elecciones y pronto se supo que Isela Constantini tendría la responsabilidad de conducir Aerolíneas Argentinas. Los gremios la recibieron "con los tapones de punta", diciendo que la designación no era una buena noticia, que su equipo estaba siendo diseñado desde LAN en Chile; y que el plan del nuevo gobierno armaría una lista de retiros voluntarios para que se fueran de la empresa 1.500 personas. Recalde, el antiguo presidente de la empresa, también se mostró escéptico.
Pero las purgas no se produjeron, e incluso más de un miembro del staff anterior se mantuvo en el nuevo equipo de conducción, y tampoco se clausuraron rutas indiscriminadamente. Esto desconcertó a los gremios y, por qué no, a parte de la opinión pública que esperaba un shock.
De lo que nadie se percató al principio fue que Constantini venía de una empresa de primer nivel mundial (General Motors) y que tenía experiencia en disputas gremiales fuertes (con Smata). Desde el primer momento negoció para lograr sus objetivos, lo que significó que también cedió en algunas cosas. Sus ideas quedaron definidas en una frase clarísima: "en el sector empresario falta asimilar que los gremios existen y van a seguir existiendo".
Ante el asombro de muchos, Aerolíneas Argentinas, que se presumía sería un campo de batalla, fue un terreno tranquilo, en el que Constantini puso toda su sabiduría empresaria en tratar de convertir lo que hasta entonces era una estructura muy desorganizada en una empresa moderna, con planes y objetivos concretos, sobre todo en las áreas financiera y comercial, sectores históricamente flojos.
Desde el punto de vista de los pasajeros, no hubo cambios sensacionales, porque Recalde ya había renovado la flota y había logrado un cumplimiento de los horarios aceptable. El plan de rutas anterior, que había comenzado a establecer nuevos servicios entre pares de ciudades del interior se mantuvo y fue aumentado. En el sector internacional, donde se esperaba la cancelación de algunos destinos, la cirugía fue mínima.
Pero desde el punto de vista de los contribuyentes las cosas fueron distintas, porque Constantini logró bajar los aportes del tesoro a alrededor de la mitad de lo que eran antes. Para ello debió renegociar varios contratos con proveedores (sin el cepo ni el default fue más fácil) y recurrió al procedimiento "maldito" de vender algunos aviones a entidades financieras y volver a alquilarlos. Nada que no haga ninguna empresa aérea de cualquier lugar del mundo.
Políticamente, la conducción empresaria se alineó con la idea del ministro Dietrich, que sostuvo en todos los foros que iba a duplicar la cantidad de pasajeros que volaban en el país y que para ello abriría el mercado a inversores extranjeros. Constantini, el 22 de junio, llegó a decir en un acto oficial de la empresa, con respecto a las low cost: "ojalá vengan y nos ayuden a bajar también nuestros costos. No estoy preocupada en este momento por la llegada de estas compañías, pero sí tenemos que seguir trabajando mucho en el servicio". Pero hubo un tema de fondo que Constantini no pudo ni siquiera encarar: las empresas aéreas estatales como Aerolíneas Argentinas habían sido una idea moderna en el entorno de 1950, cuando florecieron en todo el mundo, pero en 2015 eran un recuerdo de un pasado con cielos regulados, petróleo barato y sin globalización. Ahora el transporte aerocomercial es un juego de capitales multinacionales que se mueven en el mundo sin mayores trabas, con empresas que hace rato dejaron de ser representantes cuasi diplomáticos de sus naciones. No hay que ir muy lejos para comprenderlo, ya que Avianca, Azul, Copa Gol y Latam tienen capital abierto, cotizan en las bolsas del mundo y han formado o están construyendo bases empresarias en varios países. Frente a esta realidad esta Aerolíneas Argentinas está en absoluta inferioridad de condiciones para competir y crecer.
Pero un día llegó la hora de la verdad: diversas empresas extranjeras, algunas incluso low cost, solicitaron ingresar al mercado local y esto hizo correr frío por la espalda de más de uno, porque, como están las cosas hoy, cualquier ingreso de nuevos jugadores en el mercado significará, sobre todo si la ecuación incluye mejores tarifas, un deterioro de la porción de Aerolíneas/Austral, que hoy es de aproximadamente de tres cuatros del tráfico doméstico.
No hay gestión que pueda impedirlo, es algo que pasó en todo el mundo cuando se abrieron los mercados y afectó directamente a las empresas tradicionales establecidas. Era inevitable que la empresa estatal ensayara, como también ocurrió en todo el mundo, algún tipo de defensa.
Pero Aerolíneas Argentinas, antes que una línea aérea, es una construcción política y, en este caso, sus aspiraciones colisionan con la política nacional. Obviamente se impuso la línea jerárquica y Constantini, que en este nuevo ambiente no tiene posibilidades de lograr sus objetivos, optó por retirarse. Fue una decisión inteligente.
Lo curioso fue la reacción de los gremios, sus antiguos detractores, que el lunes habían paralizado la empresa con una huelga testimonial absolutamente inconducente y el jueves la despidieron como a una heroína.
Fue una contradicción más, en un sector demasiado acostumbrado a funcionar en un espacio de incongruencias e improvisaciones de todo tipo. Seguramente será muy difícil tener un transporte aerocomercial floreciente por esta vía.

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