José María Sobral fue alférez de la marina argentina. Pero jamás debió pasar a la historia como un simple alférez. Esto forma parte del castigo que reciben algunas personalidades por las inconsistencias y desconocimiento histórico en que incurren nuestros connacionales. Aunque probablemente pueda pasar lo mismo con personajes históricos valiosos y olvidados de otros países.
Recordemos de quien estamos hablando. Sobral era un joven argentino, entrerriano, nacido en Gualeguaychú el 14 de abril de 1880, que cumplía sus funciones en la marina de guerra a principios del siglo XX.
Eran épocas de viajes polares y entre ellos los nórdicos llevaban la delantera. Otto Nordenskiold, geólogo, miembro de la nobleza sueca y de familia de exploradores polares, llegó a la Argentina en el barco Antarctic en 1901. Solicitó al gobierno argentino se designara un oficial para que acompañara la expedición antártica que estaba por realizar.
Fue allí que le asignaron a Sobral quién venía de realizar un viaje escuela alrededor del mundo en la fragata Sarmiento.
Sobral navegó con ellos a la Antártida y allí comenzó una historia de ribetes novelescos. La expedición quedó entrampada por los hielos. Ello los obligó a construir un refugio, racionar las provisiones y prepararse para invernar. Tal como estaban las cosas esperaban ser rescatados al año siguiente. Sin embargo ello no ocurrió lo que prolongó la estadía un año más. Tuvieron que alimentarse de pingüinos, peces, focas, cuidar al extremo lo poco que tenían y continuar esperando. En ese lapso no dejaron de hacer las observaciones meteorológicas que tenían programadas y de recorrer la región en busca de rocas para los estudios geológicos.

Atrapado en la Antártida

Las explicaciones de Nordenskiold apasionaron a Sobral sobre el antiguo ambiente que reinó en la Antártida, con épocas de clima tropical, bosques y fósiles diferentes a los de la fauna de ese continente helado. Sobral aprendió el sueco, adquirió nociones básicas de Geología y dibujó a la carbonilla, en cartones de envases, bosquejos sobre los paisajes que se avistaban desde su claustro de hielo. Finalmente fueron rescatados en un viaje heroico de la corbeta Uruguay al mando de Irizar.
La llegada a Buenos Aires fue apoteósica, con desfiles de barcos, salvas de artillería, bandas de música y otras ceremonias dispuestas para su recibimiento como héroes antárticos. Sobral quedó fascinado por las enseñanzas geológicas de Nordenskiold y pensó en todo lo que podía lograr nuestro país estudiando esa tierra ignota en el marco de las futuras aspiraciones de soberanía. Los suecos lo invitaron a estudiar Geología en la prestigiosa universidad de Upsala mediante una beca que ellos gestionarían.
Sobral se presentó lleno de esperanzas a solicitar el permiso a la Armada que le fue rotundamente negado. La respuesta era del tenor de para qué quiere geólogos la armada. Recuérdese que el propio Darwin llegó a América del Sur como viajero naturalista geólogo y hasta escribió un texto para el almirantazgo británico. Sus observaciones fueron cruciales, entre ellas la geología de las Islas Malvinas. También eran geólogos muchos de los exploradores polares, entre ellos el propio Nordenskiold o el noruego Gunnar Andersson por citar algunos.

Dios ciega a quien quiere perder

Cabe destacar que Sobral insistió en su pedido de permiso, esta vez con una licencia sin goce de sueldo. Sin embargo una vez más, demostrando una vergonzosa cortedad de miras, el permiso le fue denegado. No me extraña ya que en mis dos campañas antárticas en 1976 y 1987 pude apreciar numerosos comportamientos obtusos que sería largo de enumerar. Tal como en la travesía de 1976 cuando navegábamos en el transporte ARA Bahía Aguirre frente a un islote rocoso desnudo en medio de los hielos y un helicóptero se aprestaba a visitarlo. Dado que éramos un grupo de geólogos, o estudiante como mi caso, pedimos si nuestro invitado extranjero, el hoy afamado geólogo español Dr. Francisco Anguita podía bajar allí. No se hizo lugar y enviaron a dos marinos rasos a sacar las muestras de roca. Cuando llegaron de vuelta al barco se negaron a mostrárnoslas como si se tratara de un secreto de estado. En el caso de Sobral, ante las reiteradas negativas, incluso la intervención del respetado Perito Moreno, tuvo que optar y pidió la baja de la Armada para partir a Suecia. Se sabe que hizo allí una carrera brillante, que estudió las antiquísimas rocas del basamento de la península de Escandinavia, que describió nuevos tipos de rocas y minerales (uno de ellos se lo dedicaron a él: la sobralita), y finalmente presentó su tesis con la que se graduó como doctor en Geología.

Primer geólogo argentino

Curiosamente es el primer argentino en obtener un título de geólogo, ya que la carrera no existía todavía en la Argentina y a su vez el primer argentino en graduarse de geólogo en el exterior. De regreso al país en 1914 y ya doctorado pensó en reintegrarse a la Armada pero volvió a ser rechazado. Se integró entonces a la Dirección Nacional de Geología, Minería e Hidrología donde comenzó una importante labor relacionada con el estudio de yacimientos minerales, búsqueda de aguas subterráneas, estudios de rocas útiles, entre otros temas.
Prácticamente recorrió el país con la misión de inspeccionar minas y así estuvo con el tema de los carbones, con el hierro tacurú de las misiones jesuíticas, con el cobre de los basaltos del Paraná, con los metales preciosos de Mendoza y el Famatina, con el agua en Catamarca, e incluso en Salta y la Puna argentina donde llegó para cerciorarse de cuál era la situación planteada en torno a los boratos y las denuncias de monopolización por parte de una empresa extranjera.
En 1922 fue nombrado director general de la Dirección Nacional de Geología Minería e Hidrología y luego quedó cesante con el golpe de estado de 1930. Años después ingresó en YPF como jefe del área de Geología y recorrió grandes extensiones de La Pampa en busca de la continuidad de la cuenca petrolífera cuyana.
Estudió numerosas regiones del país por su potencial petrolero y estuvo a cargo de algunos pozos exploratorios.
Durante su estancia en Suecia se enamoró de una bella dama sueca, Elna W. Klingstrom, que le dio nueve hijos y una descendencia muy numerosa en nietos y bisnietos. Sobral tuvo una larga y fructífera vida científica en el país. Sin embargo su nombre quedó asociado para siempre a esa primera etapa de su vida. Al punto que numerosas calles y escuelas llevan su nombre.
Entre ellas la escuela "Alférez José María Sobral" de Osma (Salta), sobre la ruta 68, camino a Cafayate. La historia enseña que hay un solo Sobral y es el doctor en Geología recibido en Suecia al cual la Armada Argentina hizo héroe primero y lo desconoció después. Sus más importantes biógrafos Lauro Destefani y Gilberto Aceñolaza, este último su coterráneo, escribieron sobre su vida y obra.
El Dr. Sobral, que hablaba nueve idiomas, embajador en Noruega, héroe antártico, primer título de geólogo argentino, que fuera declarado sabio geógrafo del hemisferio sur por la Sociedad Hispánica de Nueva York, falleció olvidado en Buenos Aires, el día de su cumpleaños de 1961, a los 81 años de edad.

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Sección Editorial

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Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 1 mes

No conocía una historia tan importante para la Argentina. Tampoco, nunca me había preguntado quién fué Sobral. Agradezco a Ricardo Alonso y a El Tribuno pues, la Nota sobre "el destino de José M. Sobral", es histórica, científica y excelente.


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