El Ficus lyrata (en algunos lugares se lo conoce como Ficus pandurata) es una de las plantas de interior más elegidas. Con sus grandes hojas verdes (adquieren un tamaño de entre 20 y 25 cm.) que se mantienen durante todo el año y su escultural forma, pueden alegrar y darle vida a cualquier rincón de nuestros hogares.
Es una planta originaria del oeste de África y de climas tropicales, donde crece de manera normal en exteriores. En zonas templadas y frías se la utiliza como planta de interior exclusivamente. Es delicada en cuanto a la temperatura y la luz: requiere que la temperatura interior no baje de los 15 ºC y le gustan los espacios muy luminosos, sin que los rayos del sol le den directamente.
En cuanto al sustrato no es muy exigente, aunque prefiere la tierra suelta, fértil y con buen drenaje. En este caso, y en general para todas las plantas que pongamos en maceta, conviene utilizar compost en lugar de tierra negra ya que esta última tiende a compactarse demasiado dificultando que las raíces se desarrollen correctamente.
El riego debe ser moderado (una vez por semana en invierno y con más frecuencia en verano). El exceso de riego puede matar la planta. Un consejo útil es regarla únicamente cuando vemos que las capas superiores de tierra están completamente secas. Para ello, sólo basta con chequear con nuestros dedos o introducir un palito: si sale húmedo, habrá que esperar a que se seque completamente hasta el próximo riego. Por lo general, es una planta resistente a plagas y enfermedades y es necesario limpiar las hojas con un paño húmedo cuando vemos que están cubiertas de polvo para que crezcan bien. Si las hojas comienzan a caerse, es síntoma de que algo anda mal. Podían ser dos cosas: el riego o la luz.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora