Un incendio de grandes proporciones arrasó con tres precarias viviendas como consecuencia de la irresponsabilidad de un vecino que habría actuado bajo los efectos del alcohol y drogas. Ocurrió ayer en el asentamiento Virgen de Urkupiña, ubicado en la intersección el acceso al vertedero San Javier y la circunvalación sudeste, que une el Valle de Lerma con la ruta nacional 34. Esa lonja de terreno es habitada por unas 15 familias que viven en la más extrema pobreza, en ranchos construidos con plásticos y cartón, sin luz ni agua ni otros servicios. Su fuente de trabajo son los despojos que recogen del basural, que en los últimos días ha sido centro de polémica por las denuncias de contaminación.
"De ahí recogemos hasta la ropa que nos ponemos", relató a El Tribuno Zulma Ramona Pérez, una de las personas que sufrió la pérdida total de su techo a raíz del voraz incendio que se generó pasado el mediodía. Contó que hizo un alto en su sacrificada tarea para celebrar con su familia el Día de la Madre cuando escuchó que un vecino, al que identificó como el "Porteño", discutía con su pareja. "No le llevé el apunte, pero de pronto el calor nos invadió y vi que la casa del vecino estaba envuelta en fuego y que las llamas se expandían hacia la mía", dijo. Según la mujer, lo primero que hizo fue poner a salvo a su esposo, que está enfermo. "En seguida vi mi casita convertida en un infierno, no pudimos salvar nada, ni al perrito ni al gatito ni a los conejos que estaba criando. Los pobrecitos murieron carbonizados", expresó con dolor la mujer. Mientras observaba el trabajo de los bomberos pedía que alguien llame a un hijo, que vive en San Antonio de Cobres. "Otra vez nos quedamos en la miseria, ahora por la locura de un vecino que se chupa, se droga y se jalea todo", se lamentó.
"Todo pasó muy rápido y lo primero que atiné fue poner a salvo a mis dos hijos menores", relató Silvia Elena Vera, otra de las vecinas que perdió todo. La mujer graficó la situación en estos términos: "Ni siquiera pude salvar los documentos ni los útiles escolares de los chicos, tampoco al perrito, que dormía bajo la cama". Y se preguntó: "¿Qué vamos a hacer ahora?". El mismo interrogante se planteó Ramón Marcelino Cisneros, hijo de Zulma Ramona Pérez, a quien el incendio lo sorprendió en la cama. "Yo soy camionero y estaba haciendo una siestita porque mañana (por hoy) tengo que trabajar temprano", comentó el joven. Y agrego: "Me quedé en bermudas y chancleta, y en estas condiciones no puedo ir a trabajar, por eso pido que alguien me alcance un par de zapatillas y una camisa". Cisnero aseguró que "aquí nunca pasaba nada malo, pero desde que llegó ese muchacho al que le dicen el Porteño las cosas han cambiado, y mire usted ahora lo que nos hizo...".

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