Las autoridades canadienses temen que el incendio alrededor de la ciudad petrolera de Fort McMurray, que obligó a evacuar a sus 120.000 habitantes, duplique su extensión en las próximas horas. El fuego afecta ya una superficie de más de 100.000 hectáreas, cubiertas fundamentalmente de bosques y matorrales, avivado por el viento y una ola de calor, aunque la dirección de las rachas está alejando las llamas de zonas pobladas. Además, ya se cobró dos víctimas fatales, mientras el incendio, el más grande de los 40 registrados en la provincia de Alberta (oeste de Canadá), amenaza dos campos petrolíferos del sur de la ciudad, una de las más ricas del país norteamericano. Al menos 10 explotaciones han reducido la producción debido a las evacuaciones y otras medidas de emergencia que complicaron la distribución del crudo.
Barrios enteros de Fort McMurray han sido destruidos por el fuego. La mayoría evacuados huyeron sin conocer la suerte de sus hogares y casi sin posesiones, obligados en ocasiones a abandonar sus mascotas. En una conferencia de prensa, la presidenta de Alberta, Rachel Notley, dijo que el daño en la ciudad era extenso. "La ciudad de Fort McMurray no es segura, y no lo será en un período de tiempo significativo", explicó
Chad Morrison, un funcionario de la unidad de incendios forestales, dijo en Edmonton que el incendio probablemente se podría duplicar.
La magnitud de las pérdidas aún no se ha evaluado, pero las autoridades calculan que alrededor de 1.600 construcciones han sido destruidos. Un analista ha estimado que las pérdidas superar los 6.000 millones de euros. A principios de semana la mayoría de los evacuados se dirigieron al sur por carretera, en una salida dificultada por los atascos.
Otros residentes que inicialmente se buscaron refugio al norte de la ciudad se vieron obligados a desplazarse de nuevo por el avance de las llamas.
"Nos recordó a una zona de guerra", afirmó por su parte Marisa Heath, después de pasar 36 horas en su camioneta en la carretera, con su marido, dos perros, un gato y siete gatitos. "Estremecedor. Todo lo pude ver fue bases de cemento de las casas", agregó.
Mientras los helicópteros sobrevolaban la zona, la policía estableció puestos de suministro de gasolina provisionales para impedir que los vehículos quedaran bloqueados por falta de combustible.
El devastador fuego se torna incontrolable, pese a materiales acordes con el que cuenta el Gobierno canadiense, pero el fenómeno pudo más.

1.200 bomberos

El fuego causó dos víctimas fatales, y desde el viernes, más de 1.200 bomberos trabajan en la zona, apoyados por más de cien mil helicópteros y más de dos docenas de camiones cisterna y aviones que dispersan agua y sustancias químicas que retardan la expansión de las llamas. Sin embargo, la magnitud y la intensidad del fuego desafía los esfuerzos para contener las llamas.
El ministro canadiense de Seguridad Pública, Ralph Goodale, dijo que unas 7.500 personas pudieron atravesar Fort McMurray, una ciudad fantasma.
La Policía Montada canadiense confía, por su parte, en que las condiciones permitan hoy la evacuación de otras 7.500 personas al sur de Fort McMurray.

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