El Garraham da sorpresas

Rodolfo Ceballos

El Garraham da sorpresas

El hospital Garrahan, referente en pediatría en América Latina, sorprendió en las redes sociales y no por ningún avance científico. En sus instalaciones se filmaron escenas sexuales entre médicos. El video se filtró, viralizó y siguió desmentidas y condenas.
¿Qué mensaje querían dar las mujeres con su varón, sabiendo que las filmaban?
El divertimento intrahospitalario resultó un porno casero, esa industria que se consume como el pan y se la digiere gracias al avance de la tecnociencia cuyo emblema máximo es internet.
Las escenas más allá de su efecto provocador, orientadas al centro del escándalo profesional y moral de las instituciones de la salud, son susceptibles de un desciframiento.
Se puede leer que los médicos reafirman una ausencia de relación sexual en lo real, solo les interesaba la viralización para que el espectador los imagine disfrutando el placer que es estar en una sala de atención o en una guardia pediátrica, momentos antes de empezar el gran fútbol.
Y el porno es consumible. Está hecho en soporte electrónico para buscar la mirada cómplice con los jugueteos de los cuerpos y presentar un partenaire que pone contenidos al filme. Partenaire significa socio en español.
El porno grabado entre cuatro paredes en el Garraham llegó a este punto: ser de una enorme transgresión de personas jóvenes, falsamente extasiadas con lo que hacían y ostentosas con su propia realidad subjetiva. Están lanzadas al ojo del espectador que asedia a internet por estos tipos de filme y de cuerpos dispuestos a exacerbar la exhibición.
La privacidad de las cuatro paredes no es tal. El porno de estos médicos se representó para ser imagen pública y ser capturada en la red.
Los seudoactores porno del Garraham, tal si fueran dirigentes sociales, quieren dominar con un video las fantasías privadas de las masas.

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