El triunfo de Donald Trump obliga al gobierno de Mauricio Macri a replantear sus vínculos con Estados Unidos y su estrategia comercial. Las aceitadas relaciones que había cultivado con Barack Obama y con el matrimonio Clinton alentaban proyectos que ahora aparecen condicionados por el nuevo presidente, que no solo alienta políticas proteccionistas sino que, además, fue desairado por Macri, por la canciller Susana Malcorra y por el embajador Martín Lousteau, todos decididamente inclinados hacia un triunfo de Hillary.
Llegó la hora de restañar heridas, que la diplomacia resolverá probablemente con rapidez, pero sobre todo, es tiempo de asegurar que los proyectos en marcha no se derrumben.
En primer lugar, habrá inmediatas gestiones para que se agilice el trámite administrativo para el ingreso de limones argentinos antes del traspaso del mando.
También se acelerará la apertura del mercado norteamericano para carne bovina sin hueso por un cupo de 20 mil toneladas, que ya está casi a punto de concretarse.
"Algún sapito tendrá que tragar, pero nada como para desesperarse", opinó al referirse a la cuestión diplomática el experto salteño Gustavo Barbarán en una entrevista con El Tribuno digital. "Estados Unidos tiene un servicio exterior ultra profesional", añadió.
Ayer, muy temprano, Macri reaccionó positivamente a la sorpresa de la madrugada. "Espero que podamos trabajar juntos por el bien de nuestros pueblos", expresó, al felicitar a través de Twitter, al presidente electo. Así se sumó a expresiones vertidas por Susana Malcorra que anticipó una "transición lo más rápida y corta posible" para mantener la agenda común con el país del norte. "Nos tendremos que adaptar, con responsabilidad institucional", precisó la canciller.

El proteccionismo

Las expresiones de apoyo de Macri y sus funcionario hacia Hillary no son el problema. La incertidumbre que genera Trump para la Argentina consiste en sus promesas de economía cerrada y proteccionista que le garantizaron el voto de los asalariados industriales pero que no coinciden con la tradición republicana de apoyo al libre comercio.
Mientras esperan ver en que se asemeja el Trump presidente con el Trump candidato, los economistas argentinos no ocultan su preocupación. El triunfo republicano supone un golpe a la globalización, porque este fenómeno desindustrializó a Estados Unidos. También es el síntoma de una reindustrialización inspirada en la "economía del conocimiento", la industria tecnológica.
El exsecretario de Finanzas Guillermo Nielsen vislumbra "un cambio de paradigma equivalente -nada menos- al "que se vayan todos'' por el hastío de la gente con los políticos".
Orlando Ferreres, del Centro de Estudios Económicos, espera una suba de la tasa de interés que hará caer los bonos y los precios de los commodities. "Para la Argentina es un riesgo", sostiene. Martín Redrado, en cambio, anticipa que se cerrarán puertas pero que las empresas norteamericanas que invierten en la Argentina lo seguirán haciendo porque "todo depende de la rentabilidad de los proyectos".

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