A cincuenta años del golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Illia, cabe preguntarse de si se trató de un proceso inexorable o si pudo haber sido evitado. Un aspecto interesante para mostrar que la segunda alternativa es la más cercana a la realidad, es la situación que vivían las Fuerzas Armadas en ese momento y el proceso interno dentro del Ejército.
El golpe no sólo fue consecuencia de una campaña de desgaste desarrollada contra aquel gobierno y en particular hacia la personalidad del Presidente por parte de medios de comunicación, sindicatos y sectores empresariales y políticos, sino también por errores de aquella administración en su política militar.
Al asumir Illia, el 12 de octubre de 1963, confirma como Comandante en Jefe del Ejército al general Juan Carlos Onganía, convertido en el hombre fuerte de la fuerza tras imponerse en los conflictos que habían tenido lugar en el campo militar en septiembre de 1962 y abril de 1963.
Illia analizó sustituirlo por el general Carlos Jorge Rosas, el número dos dentro del Ejército, quien ocupaba el Comando del II Cuerpo de Ejército, con asiento en Rosario y mando sobre todas las unidades del litoral, quien era simpatizante del radicalismo. Si se hubiera tomado este camino, posiblemente el golpe no habría tenido lugar. A fines de 1964, Onganía releva a Rosas y el Presidente, aunque tenía atribuciones para impedirlo, lo acepta. Esto permitió a quien después sería el presidente de facto sacar de la fuerza al posible adversario de más valor que tenía en el campo militar.
Al año siguiente presenta su retiro el secretario de Guerra, Ignacio Ávalos, un General retirado que respondía al Presidente. El primero se niega a que un general en actividad, Rómulo Castro Sánchez, ocupe dicho cargo, que estaba por encima del Comandante en Jefe. Onganía termina pasando a retiro por propia decisión, pero el Presidente designa en su reemplazo al general Pascual Ángel Pistarini, sucesor sugerido por Onganía. Si hubiera designado a quien le seguía en antigedad, el general Carlos Salas Martínez, que estaba alineado con Rosas, el golpe no hubiera ocurrido.
El 29 de mayo de 1966, en el acto en conmemoración del Día del Ejército en la Plaza San Martín, en presencia de Illia, Pistarini hace un discurso desafiante. El ministro de Defensa, Leopoldo Suárez, sugiere relevarlo y reemplazarlo por el general Carlos A. Caro, que era leal al gobierno. Pero el Presidente duda, recibe otras opiniones y dilata la decisión.
Cuando el 28 de junio, un mes más tarde, Pistarini se entera de que el Presidente va a concretar el relevo, se adelanta. Llama a Caro a Buenos Aires, lo detiene y precipita el golpe.
En el momento que éste se concreta, Pistarini, que lo encabeza, tiene el control sobre sólo dos de los cinco comandos superiores del Ejército y sobre cuatro de sus diez brigadas.
Pistarini controla la guarnición militar de Buenos Aires y con efectivos de la X Brigada de Infantería toma la Casa de Gobierno, mientras que un general se hace cargo de la Jefatura de la Policía Federal (Fonseca).
El teniente de Granaderos que ese día está a cargo de la guardia de la Casa Rosada (Rodrigañez Riccheri), se niega a obedecer órdenes de su jefe que se ha sumado al golpe y alista el puñado de granaderos que tiene bajo su mando para combatir y defender al Presidente. Con engaños, es sacado de la Casa de Gobierno.
Quien ingresa a ella, para exigir a Illia que se retire, es el comandante del Cuerpo de Ejército I, general Julio Rodolfo Alsogaray, hermano del economista y dirigente político (Álvaro). Intima al Presidente a que se retire. Se produce un diálogo duro entre ambos. Illia le recrimina la deslealtad y las graves consecuencias que el hecho tendrá para el país. Queriendo evitar un derramamiento de sangre, se retira caminando con gran dignidad. En las calles no hay gente a favor del golpe.
El hecho revela la altura moral del Presidente. Pero cabe reflexionar sobre qué acciones más acertadas en el campo de la política militar pudieron haber llevado a un resultado diferente. Quizá la intención del Presidente de evitar derramar sangre, explique el porqué de esas decisiones. Aunque parezca extraño, el golpe contra Illia tenía resistencias importantes dentro de las Fuerzas Armadas y en cambio apoyos significativos en la dirigencia civil: política, empresaria, sindical y mediática.
* Publicado en Infobae

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