El triunfo de Cambiemos, el domingo, abre la posibilidad y la esperanza de que el país pueda abandonar, definitivamente, Jurassik Park.
El proyecto que lidera el ingeniero Mauricio Macri, junto a una alianza de otras fuerzas políticas entre las que se destaca la Unión Cívica Radical expresó lo que la sociedad quería y también lo que la sociedad no deseaba.
Tanto Macri como Scioli prometían un cambio que conservara lo que estaba bien hecho. Los votos que necesitaba el ingeniero provinieron no solo de los militantes sino también de los ciudadanos "anti" que salen de vacaciones, que padecen pero soportan la inflación, los que obtuvieron su jubilación últimamente sin haber hecho los aportes correspondientes, los que pagan y los que no pagan el Impuesto a las Ganancias y otros que cobran subsidios directos o indirectos, pero que buscaban un cambio y la alternancia en el poder.
Lo votaron los que estaban cansados de las cadenas nacionales exhibicionistas y sin contenido, las mentiras del Indec, la inflación, las retenciones al campo, los casos de corrupción.
Hoy, Mauricio Macri es nuestro nuevo presidente, lo será en los próximos cuatro años y la gran apuesta desde la economía será, como lo expresó en su campaña, la de fomentar el desarrollo incentivando las inversiones.
Para ello deberá sincerar la herencia que recibirá del kirchnerismo. Es imprescindible explicar las causas y las consecuencias de las medidas que tendrá que instrumentar para colocar nuevamente a nuestro país en la senda del crecimiento.
A Mauricio Macri la oposición lo llamaba despectivamente el "candidato del ajuste".
Más allá de la chicana, cualquiera hubiera sido el nuevo presidente estaba obligado de antemano a realizar varios ajustes, ya que hay muchos desajustes que padece actualmente nuestra economía. Para Macri será más fácil explicarlo que lo que hubiera sido para el desesperado Daniel Scioli de los últimos días de campaña. Hay déficit fiscal, comercial, energético y de inversión en infraestructura; la distorsión de los precios relativos provocada por la inflación, el atraso cambiario que elimina la competitividad de nuestros productos en el exterior; el atraso tarifario, especialmente los de la CABA y Gran Buenos Aires, pagado con subsidios que deben ser redireccionados, la pobreza, el desempleo, la economía informal, los millones de jóvenes ni-ni, el tráfico de drogas. Una agenda extensa y compleja para el nuevo presidente y su equipo. El actual gobierno nos dejara varios problemas en la economía sin resolver, que desvirtuó el modelo del ex presidente Néstor Kirchner que se apoyaba en tres pilares, superávit fiscal y comercial y tener un dólar competitivo. Reencauzar a nuestro país en la senda del crecimiento tendrá un alto costo político que deberá ser consensuado con todos los sectores de la sociedad.

Las prioridades

Los desafíos son muchos, el equipo de Macri priorizó algunas propuestas:
Recomponer las reservas del Banco Central, el ingreso y salida de divisas será estratégico en los próximos meses, se deben sincerar las cifras y crear las condiciones de credibilidad y confiabilidad para el ingreso de capitales destinados a la inversión, además de mejorar el tipo de cambio real. En materia fiscal disminuir los subsidios especialmente a la energía y transporte en la CABA y Buenos Aires, para aplicar esos recursos a obras de infraestructura e incentivar a los pequeños y medianos emprendimientos generadores de nuevas fuentes de trabajo genuinas.
Liberar a la actividad económica de normas intervencionistas que frena la actividad productiva y exportadora. Darle credibilidad a la nueva gestión estableciendo reglas estables y previsibles para definir el rol del Estado y del sector privado. Instrumentar una política macro y un sistema de incentivos para que cuando ingresen o regresen capitales, los mismos sean aplicados a la producción e inversiones destinadas a generar valor agregado a nuestros recursos,y crear nuevas fuentes de trabajo. Anunciar una política económica creíble con decisiones consideradas necesarias y que no se modifiquen en el tiempo, es decir implementar políticas de estado que perduren a través de los gobiernos. Hoy la expectativa está centrada en saber que pasará en la transición y los primeros días de gestión del nuevo gobierno. Como adelantó Mauricio Macri en su primera conferencia de prensa, ya como presidente electo, espera conocer desde adentro la real situación de la economía. Los datos que conocemos no son creíbles ni confiables. Hay agujeros negros: las cuentas públicas, las reservas y los desmanejos del Banco Central son bombas de tiempo.. El anuncio de que el gabinete económico estará formado por seis ministros nos da la pauta que la problemática de cada sector como el trabajo, energía, transporte, hacienda, finanzas, agricultura y ganadería, serán tratados por especialistas. También podemos esperar decisiones que hacen al futuro de la competitividad y el empleo de las economías regionales, como la quita de retenciones al trigo y al maíz para incentivar la siembra o que se abra una ventana para la comercialización de la soja que actualmente está guardada en silos bolsa que significaría un ingreso significativo de divisas estimado en US$ 13.000 millones. La actualización del mínimo no imponible en el Impuesto a las Ganancias es urgente: tal como está se transformó en una estafa para los contribuyentes. La incógnita consiste ahora en saber cuál será el valor y el tratamiento que se le dará a los siete tipos de cotización del dólar, el compromiso fue unificar en un solo precio. El mensaje de Macri fue muy claro: se refirió a la finalización de un ciclo y a un cambio de época, en el que es necesario terminar con las divisiones y buscar coincidencias. Existen necesidad, propuestas y compromisos asumidos. Falta saber lo que encontrará el nuevo gobierno cuando perfore las capas tectónicas del relato kirchnerista de Jurassik Park.


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