Seguida por la opinión pública, la persecución de los presos del penal de General Alvear fue también una recorrida obligada por la realidad del campo. Tuvo como protagonistas a un ingeniero agrónomo y a un productor que cayeron de rehenes y a un baqueano que prestó los caballos. Pero esta saga que aún no tiene un final por el nivel de sospechas que la rodea, también reflejó el nuevo fenómeno que se está viviendo. Una versión no confirmada dice que desde una playa de Brasil el dueño de la arrocera Spalleti vio en su celular algo sospechoso en las imágenes que registraban las cámaras de vigilancia de la planta. Fue lo que terminaría por desencadenar la captura de los prófugos. De ser así, Cristian Lanatta y Víctor Schillaci no tuvieron en cuenta los alcances que brinda la tecnología al campo. Desconocieron que van quedando pocos lugares que no puedan ser controlados. Hoy un silo o una cosechadora genera información on line de todo tipo. Un Gran Hermano, pero verde. Nunca antes el ojo del amo estuvo tan presente en el campo. Y será cada vez más omnipresente debido a la utilización cada vez más extendida de sensores, drones, GPS, cámaras y fotografías satelitales. La posibilidad de controlar, pesar y medir en cualquier punto remoto de forma rápida está cambiando los parámetros de gestión. Se confirma que la cita bíblica que afirma que el "ganado engorda" por el "ojo del amo" era más que cierta.
Este fenómeno que se viene dando en un espectro muy amplio de actividades, terminará por explotar con un uso masivo en los próximos años. Sobran los ejemplos que cuando algo funciona el productor lo adapta más que rápidamente. Ocurrió con la mecanización, la siembra de híbridos o las alfalfas sin latencia en los tambos.
Todo indica que los cambios que se incorporarán en la vida cotidiana de los productores serán imparables y será muy fácil quedar desactualizado. Buena parte de esta predicción se sostiene en que sobran innovadores con ingenio en el interior productivo de nuestro país. Desde Marcos Juárez, Córdoba, Mariano Oddino, hijo del reconocido especialista en nutrición Carlos Oddino, desarrolló un módem para la balanza de la tolva que envía los datos a un sistema web a medida que se desarrollan las descargas. De vacaciones en una playa de Brasil, el interesado puede saber desde el peso de los camiones a la salida del campo a cuánto se cosechó del lote y en qué tiempo. Puede saber al instante el geoposicionamiento de las tareas que se están realizando en su establecimiento. Esta innovación fue multipremiada. El sistema web de Pesaje Inteligente para tolvas Balanzas Hook-Corvusweb obtuvo el Premio CITA, el de Ternium Expoagro y fue invitada a participar en el espacio Smart Farming (Agricultura Inteligente) en la exposición Agritechnica en Hannover, Alemania.
La agricultura de precisión se ha transformado en un tremendo imán que atrae la atención de técnicos e innovadores de distintas disciplinas. Para desarrollar el equipamiento que haga cada vez más útil y accesible el vuelo de los drones, hay muchísimas horas invertidas. Y no son precisamente las multinacionales sino una buena cantidad de pymes nacionales con jóvenes recién salidos de las facultades las que están atrás de la mejora del uso de los drones en detectar malezas sobre rastrojos, la evaluación de daños por heladas y pérdidas por granizo o la estimación de rindes.
Pero la tecnología posibilita que el ojo del Gran Hermano Verde no sólo observe los aspectos productivos sino también los ligados a la seguridad. La Sociedad Rural de Tandil, que fue pionera en implementar las patrullas rurales, mejoró ostensiblemente el recorrido de los móviles al instalarles GPS y monitorearlas localmente. De 2000 kilómetros mensuales, la mayoría efectuados en la ciudad y caminos aledaños, se pasó a 22.000 kilómetros sobre caminos rurales. Además, los productores cuentan con otra herramienta para esclarecer delitos. Para casos de abigeato o carneadas, la Facultad de Veterinaria de Tandil saca el ADN de las muestras de sangre halladas en el campo para determinar la procedencia de carne sospechosa que se intenta comercializar. De 700 casos en 2014 se pasó a 110 en 2015.
Solo hay que largarle la rienda a la ciencia y a la tecnología.

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