El lenguaje de bajo fondo utilizado por Eduardo Cattáneo refleja la realidad de la administración pública. Ocurrió justo cuando estaba de visita en Salta el embajador de la Unión Europea, José Ignacio Salafranca, a quien el secretario Ramiro Simón Padrós y el director de la Universidad de Administración Pública, Roberto Robino, detallaron "las políticas públicas que Salta desarrolla en materia de formación de agentes y funcionarios públicos". Es probable que el embajador Salafranca se haya visto algo confundido; en una administración organizada, ningún responsable de las políticas sociales amenaza con ocupar un municipio. No llegaría nunca al cargo.
Hubiera sido ilustrativo que el diplomático escuchara del ministro de Trabajo, Eduardo Costello, la teoría de que incorporar al Estado a todos los desocupados "es una política inclusiva".
En la Unión Europea, un verdadero modelo de inclusión social, quien pierde el empleo cobra el "paro" y el Estado tiene la función de brindar seguridad jurídica, estabilidad monetaria, educación de calidad y eficiencia laboral.
La gestión provincial desechó ese modelo y convirtió al Estado en fuente de ingresos con apariencia de trabajo legítimo.
En el municipio capital se agrega la manifiesta intención de asegurar para la propia tropa los cargos políticos designados por la gestión en retirada. Así en junio pasaron a planta permanente 680 contratados, el oficialismo intentó incorporar otros 1.800 agentes a través de una ordenanza y Cattáneo, 62, pero amenazando con ocupar la Municipalidad.
El Gobierno provincial no es ajeno. El ministro de Gobierno, Juan Pablo Rodríguez, realizó reuniones muy publicitadas con los nuevos intendentes, a los que intentó alinear. Además, desde junio, el exministro Eduardo Sylvester cumple un rol protagónico desde la jefatura de gabinete municipal.
El de Gustavo Sáenz es un caso particular, ya que la capital es territorio hostil para el oficialismo y el intendente electo cobró proyección nacional a partir de su cercanía con Sergio Massa.
Más allá del grotesco encarnado por Cattáeno, Sáenz teme encontrarse con una "caja de Pandora" en las cuentas municipales, a las que los funcionarios salientes se esfuerzan en describir, sin que nadie les pregunte, en términos idílicos.
Las tensiones con el personal, los cheques diferidos y la rivalidad política con Urtubey son los temas de la agenda de transición, tan delicados que por ese motivo Sáenz estará asesorado por Roberto Lavagna, Miguel Arroyo y Aldo Pignanelli, fogueados a nivel nacional tras la crisis de 2001. Nada menos.

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