Al inicio del segundo capítulo de su libro "Manual de estilo. Los secretos para encontrar tu mejor versión", su autor, el asesor de imagen Fabián Medina Flores cita a Ralph Lauren: "El estilo es muy personal. No tiene nada que ver con la moda. La moda pasa rápido. El estilo es para siempre". Así introduce a "El eje del mal: el guardarropa".

Orden y disciplina

"Creo que el guardarropa es el eje del mal, ya que, si no está bien resuelto, conduce directo al error. Lo que tiene que haber allí es orden y disciplina. Es el único espacio que tiene que ser lo más riguroso posible porque tiene que dar soluciones. Tiene que estar lleno de uniformes de superheroína que resuelvan todo, no solo una instancia de alfombra roja o una comida con tu marido, sino también las otras situaciones intermedias, que son en realidad las más difíciles. Porque es más fácil que una mujer se vista bien para una boda (que es una situación extraordinaria y especial ) en la que suele haber una maquilladora y un peinador, y donde se recibe un tratamiento de estrella que no es corriente en la vida diaria. Por eso, las mujeres se equivocan más en el día a día, en la ropa urbana".
Dice Medina Flores que cuando una mujer se levanta con poco tiempo a la mañana y su clóset no le provee soluciones inmediatas, está en problemas. Dice también que, en principio, la mayoría de las mujeres acumula. Comprar mucho no necesariamente es hacer compras inteligentes.
En el clóset, el orden y la disciplina ayudan a sacar las prendas más rápido. No importa el tamaño del espacio que posea cada una, puede ser un guardarropa, un vestidor, un placard o un ropero. "Cuando no sabés lo que pasa seis perchas a la izquierda y seis perchas a la derecha, estás en problemas", dice Medina Flores. "Hay que tener un inventario del guardarropa siempre presente y al día", agregó.

El inventario al día

El asesor de imagen dice que otro grave error es que cuando uno va de compras, adquiere algo que está en un espacio iluminado y ambientado de la mejor manera posible. Eso no sucede con nada más: ni con el auto, ni con la comida, ni con adornos... Todo lo otro lo ves y lo controlás más fácil. No pasa con la ropa. "Tal vez esa gran chaqueta de cuero (que es lo que más necesitás en la vida) desaparece abajo de un abrigo o volvió de la tintorería y no sabés dónde está y ya no la podés usar. Y un día te olvidaste que la tenías", da a modo de ejemplo.
Agregó que además de reconocer y saber qué hay, también es importante saber qué no conservar. "Para mí esa promesa de 'lo guardo porque lo voy a mandar a achicar, entallar y cortar hasta la rodilla porque ahora se usa' no existe. Dentro del guardarropas, entonces, no tiene que haber la tiranía de lo último que hay en el shopping. Lo que tiene que haber es lo útil para vos. Y eso es casi por completo otro perchero".
Concluyó: "Todo el mundo sabe que un básico está bien en cualquier situación. Si ahora ves una mujer vestida de esmoquin, va a estar perfecta, da lo mismo si va a presentar un libro, a una boda, a una primera cita o a la ópera. Sin embargo un esmoquin no está colgado en el perchero de nadie. Es más fácil que haya más chaquetas que trajes, ya que para tener un buen traje debés tener un pantalón. Y un buen pantalón es el que te queda bien. ¡Que no es poco!", cierra ese capítulo Fabián Medina Flores.
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Fabián Medina Flores Asesor de imagen
Fabián Medina Flores Asesor de imagen

Fabián Medina Flores Asesor de imagen

“Desde hace mucho tiempo veo que las mujeres frente al espejo no se reconocen. Ven a otra persona. A un enemigo o una desconocida”, dice Fabián Medina Flores al inicio del primer capítulo del libro “Manual de estilo”.
“Es muy difícil para la mujer mantener el ojo entrenado. Por más que consuman mucha moda y miren cientos de revistas, la mirada busca de esa manera, con aquello que les quedó lindo como foco. Les sucede hasta a las celebridades, pero para ellas es más fácil, porque se ven exigidas por el público y están casi obligadas a resetear el disco (no se imaginan la cantidad de veces que repetí frases como: ‘Te quedó bien el vestido de un hombro hace tres años en ese Martín Fierro, hoy ya no’). Pero es lo que debería hacer toda mujer: al menos una vez al año, reiniciar el espejo”.
“¿Pero cómo se hace para reiniciar esa imagen? Reconociendo y aceptando que va a haber cambios. Físicos y también de personalidad, de vida social y de estilo. Quizás están en una nueva administración y en la anterior estaban casadas con un contador y ahora con un banquero. Y talvez sigan siendo la misma, pero lo que se modifica es su vida social. Entonces, para que esa imagen frente al espejo no se vuelva el retrato de Dorian Gray, lo más importante es apuntar a que tu imagen sea cosmopolita. Que dé lo mismo estar en Cancún, Santiago, Asunción o Buenos Aires. Cada cuerpo va a dar sus propias respuestas pero la única manera de que te suceda es siendo tu propia asesora de imagen”.

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