Las crisis municipales ponen en blanco sobre negro la realidad ultracentralista de la política nacional y provincial.
El hilo se corta siempre por lo más delgado.
Ante el cambio de gobierno, Juan Manuel Urtubey y los suyos hicieron un viraje, aunque las ventajas que vaya a proporcionar la jugada a Salta aún no son perceptibles.
Los intendentes no tienen viraje posible.
Osvaldo García, de Coronel Moldes busca una tregua en la legislatura - según Manuel Santiago Godoy, la tendrá - para evitar la intervención de su municipio, que por estos días funciona en la casa de una vecina. Como si los diputados no tuvieran ninguna responsabilidad, Esteban Amat Lacroix reclama la intervención. "No hay marcha atrás. Dinero destinado a obras es desviado para pagar sueldos. Embargos y más cheques rebotados que están terminando en la Justicia".
Osvaldo García es uno de los intendentes que sobrevivió a duras penas la debacle de 2015. Tanto Godoy como el diputado Amat y el resto del oficialismo les exigen a los intendentes que se hagan cargo de sus acciones. Así debería ser, pero eso vale también para los legisladores oficialistas, que son capaces de votar cualquier cosa. De todos modos, tras una reunión con García, Godoy admitió que sí puede haber marcha atrás.
García tendrá lo suyo, pero el desmanejo que describe Amat para pedir la intervención se repite en 60 municipios.
Yolanda Vega logró destronar al eterno Rubén Corimayo. Ella ya había advertido que el municipio de Cerrillos se encuentra en rojo. A dos meses de haber asumido, soporta una presión gremial de ATE que incluye una incursión del jujeño Perro Santillán.
En Salvador Mazza y Aguas Blancas, los intendentes advierten que la normalización del comercio exterior favorece la exportación mayorista y perjudica a los comerciantes que lo hacen al menudeo.
El problema de fondo es el infradesarrollo. Más más allá de la politiquería, las necesidades de la gente son perentorias.
Tras ocho años de paralización del desarrollo productivo provincial, la consecuencia es el descontrol, que no empieza por los intendentes que designaron más personal del que pueden pagar, ni de los trabajadores que reclaman por su subsistencia, sino de un gobierno que considera que "es mejor prometer que trabajar y es mejor decir que hacer". Peronismo al revés.

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