El 4 de diciembre de 1989, próximo a cumplir 31 años, Daniel Scioli enfrentó la muerte. Durante la competencia de los mil kilómetros del Delta, una ola volcó su lancha off shore a la altura de Ramallo, sobre el río Paraná. Perdió un brazo, el derecho, pero su vida comenzó de nuevo. Volvió a correr en lanchas de alta gama, aprendió a manejarse con un solo brazo, a escribir con la mano izquierda y, sobre todo, a construir un perfil de inquebrantable.
Su carrera política, según él mismo lo dice, y lo demuestra en su exposición pública, pone a su minusvalía como una fortaleza. Su capacidad para superar el accidente es la garantía que ofrece para sus votantes.
"Fue un punto de inflexión muy fuerte, algo muy duro porque yo estaba en el mejor momento de mi carrera deportiva y tenía el sueño de ser campeón mundial con La Gran Argentina (su lancha) hasta que me pegué ese palazo", repite. "Nunca me deprimí".
Hasta ese día, su mundo habían sido el deporte de alta competición, el comercio de electrodomésticos y el jet set. La política era ajena a su vida. Solo había tenido algún contacto con ella debido al vínculo de su padre, el empresario José Scioli, con Raúl Alfonsín.
Daniel Scioli había nacido el 13 de enero de 1957 en el barrio porteño de Villa Crespo, en el seno de una familia de comerciantes en electrodomésticos. Su padre fue socio de Alejandro Romay en canal 9. Hizo la escuela primaria en el exclusivo Colegio Ward; la secundaria, en el Carlos Pellegrini y, luego de haber dejado los estudios por 23 años, en octubre obtuvo la licenciatura en Comercialización en la Universidad Argentina de la Empresa.
En 1991 se casó con la carismática Karina Rabolini, la exmodelo que sería su compañera de toda la vida.
Desembarcó en la política en 1997. Ese año fue elegido diputado de la Nación por la ciudad de Buenos Aires por el Frente Justicialista, cuando Carlos Menem era presidente. En 2001 fue reelecto diputado y, en plena crisis, designado secretario de Turismo y Deporte por Adolfo Rodríguez Saá.
El tesón y la capacidad de superar la adversidad fueron el sustento de una carrera política que se iniciaría con el padrinazgo de Carlos Menem. Fue sorprendente, por eso, su participación en la fórmula con Néstor Kirchner. "Él me dijo que los únicos competitivos éramos él, Cristina y yo", deslizó alguna vez.
Suena razonable. Kirchner, que tuvo con él una relación con varios frentes de tormenta, lo ungió como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en las elecciones de 2007, acompañado por el peronista Alberto Balestrini.
Felipe Solá, más kirchnerista que Scioli, no le garantizaba los votos en ese distrito adverso. El ex motonauta aportó sufragios a Cristina en esa elección y en la de 2011, acompañado esa vez por el ultra K Gabriel Mariotto.
En 2015 el kirchnerismo intentó oponerle varios postulantes en la interna. Finalmente, Cristina le impuso al secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, como vice y obligó a Florencio Randazzo a bajar sus pretensiones presidenciales.
Los doce años de convivencia con el matrimonio fueron traumáticos, con un nivel de conflictos y recelos que nunca llegaron a ruptura exclusivamente por la mutua necesidad. A tres meses de asumir como vice, prometió descongelar las tarifas ante empresarios en el Coloquio de IDEA; irritado por el avance sobre lo que consideraba su propio poder, Kirchner lo castigó por primera vez.
Cristina le despejó ahora el camino para la candidatura oficialista porque no encontró cómo reemplazarlo pero, en el marco de un modelo político altamente personalista, le recordó constantemente que "el candidato es el proyecto".
Fueron los de la "década ganada" años en los que el gobernador bonaerense hizo un culto de la capacidad de soportar destratos. Esa tolerancia, extrema y de alto riesgo, es para los suyos su fortaleza y para los adversarios, debilidad.
Lo cierto es que durante esa convivencia complicada, sobrevivió como gobernador y consolidó su propio grupo, blindado a los ultra K. Incluso, se jacta de haber neutralizado a Mariotto y se muestra dispuesto a hacer lo mismo con Zannini. Sus hermanos, su equipo de gobierno bonaerense y su mujer, Karina Rabolini, son su apoyo más activo.
Hoy, el candidato es él y pone a prueba su apuesta inicial, mantenida desde que se inició en la política. Scioli puede convertirse en el primer gobernador bonaerense que llega a la presidencia, apoyado en su actitud amable y esperanzadora, y en su propuesta de pluralidad y buena convivencia; también, sufrir las consecuencias de una candidatura sustentada en la voluntad y la necesidad ajena, sin amalgama ideológica en una fuerza muy ideologizada.

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Aquiles Bailoyo
Aquiles Bailoyo · Hace 12 meses

La imagen de Scioli esta editada, falta la bandera de Estados Unidos, observen la posición de la mano derecha del compañero. Si bien recuerdo ambos levantan la de Estados unidos.