En el acceso a la guardia hay más de una veintena de personas esperando. Una enfermera distribuye a los que llegan en los consultorios. Las puertas vaivén de madera de la guardia, con el cartel "Prohibo pasar" hacen que todo se detenga ahí. Del otro lado, el escenario es más caótico.
No por el revuelo, sino por la cantidad de personas que permanecen en los costados, algunas en camillas. Junto a ellas están sus familiares, mientras aguardan a que los médicos hagan la ronda de rutina. Es la internación de guardia del hospital San Vicente de Paúl, que atiende más de la mitad de la demanda.
Varios están ahí por dengue. Otros, llegaron por VIH, tumores, golpizas callejeras o descopensaciones. Jorge Luis tiene 20 años. Una toalla reposa sobre su frente. Tiene fiebre. Su abuela, Mónica, está parada a su lado cuidándolo. Está asustada, porque hace cuatro días que no le pueden bajar la temperatura. "Nos dijeron que le demos paracetamol, pero no nos dijeron si era o no dengue. No hay médicos que nos atiendan", se quejó la mujer.
Según el médico epidemiólogo Marcelo Quipildor, el 48% del área operativa de la ciudad está cubierta con la atención de los centros de salud. "Hay un 52% descubierto y eso lo banca el hospital, donde viene la mayoría", dice.
En los centros de salud de la ciudad están los consultorios de dengue habilitados , pero solo de lunes a viernes. Que el hospital está desbordado no es novedad. Lo confirmó la gerenta de la institución, Liliana Canini, quien habilitó en un centro de recuperación para personas con adicciones una sala con 18 camas por el brote de dengue.
También el PAMI cederá camas para hacer observación de pacientes con dengue, porque hay que descomprimir el hospital, que también tiene que atender al resto de los enfermos y a los accidentados.
"Las camas del Centro Tinku son para los que necesitan control y tienen algunas complicaciones mínimas, como náuseas, o les cuesta hidratarse o comer", subrayó.
Además, por la demanda, el consultorio de cuadros febriles del hospital se habilitó de 8 a 20, de lunes a lunes.
También se puso un camión "policonsultorio" en el acceso al centro médico. Allí se atiende a los que llegan con síntomas compatibles con el dengue. Los consultorios del hospital deben quedar libres en la semana para recibir a los pacientes con otros problemas.
"Estamos saturados de derivaciones de Colonia Santa Rosa, Urundel y Pichanal, entre otros lugares. A eso, hay que sumar lo casos locales", destacó Canini.
Con complicaciones
Marcelo Quipildor explica con la paciencia de un maestro. "El dengue es una enfermedad sistémica y dinámica que dura unos 10 días. Tiene una etapa febril, crítica y de recuperación. Hay que estar atentos a la deshidratación", dice.
La fase crítica, como lo señala el nombre, es de cuidado. Es entonces cuando se deben evitar las complicaciones. Canini mencionó que desde el viernes había seis personas internadas con complicaciones. "Los internamos para que no pasen a un dengue grave, que no necesariamente se desencadena por enfermedades preexistentes", dijo la médica.
La doctora Canini confirmó que las seis personas que fallecieron, y cuyas muertes se asociaron con el dengue, dieron positivo a las pruebas de la enfermedad. Sin embargo, agregó que varios tenían también otras enfermedades. Tres eran de Orán.

El registro de Orán

Hasta el viernes el hospital San Vicente de Paul llevaba registrados 830 casos, de los cuales 736 son de dengue positivo por prueba de laboratorio y en 94 no se hizo la serología pero se confirmó el diagnóstico por nexo epidemiológico porque eran pacientes con vecinos o familiares con dengue.

El dengue, en primera persona

Hombres y mujeres, ante los síntomas y la demora en el hospital, sienten incertidumbre.
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La cara del dolor

Raimundo Cristóbal Casi no se lo ve. Está acurrucado con las rodillas contra el pecho. Tiene una toalla mojada sobre la cabeza y tirita. No aguanta el dolor y lo dice. "Me duele la cabeza, siento que me explota", cuenta entre sollozos. Raimundo tiene 50 años y está acompañado de su esposa, Carla. El sábado llegaron a las 13.30 al consultorio de febriles del hospital. Ahí les hicieron una ficha y esperaron hasta las 16.30 para los análisis clínicos. Carla sostiene, embravecida: "Creo que cuanto más demoran en decirnos lo que tiene, es peor. Así no estamos muriendo".
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Siete horas de odisea Silvia Guerrero

Silvia está indignada. Mientras relata la odisea que atravesó junto a su hija, ella, de 17 años, está acostada sobre un banco de madera en el pasillo del hospital. Esperan a que empiecen las extracciones de sangre para un estudio.
"Vinimos a las 7 de la mañana para ser atendidas a las 14 porque no había un solo pediatra", exclamó. Contó que su hija está con fiebre y vómitos hace 10 días. "No le podemos hacer los análisis porque se echaron a perder los reactivos, no puedo saber si es dengue o no", dijo.
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Vivir con repelente Celia Guzmán

Está en la sala de urgencias del hospital San Vicente de Paúl junto a un familiar. Pero la consulta es para la nena que llevan en brazos, que tiene fiebre. Celia contó que hace dos semanas le dio dengue a su hija de 19 años. Aseguró que tuvo dolor de cabeza fuerte y mucha temperatura. Al segundo día sufrió vómitos. "Ahora ya lo superó y está bien. Me asusté porque ninguno de mi familia tuvo dengue. Ella fue la primera", dijo con una media sonrisa. Aseguró que, por su barrio, pasaron a descacharrar. "Ahora uso repelente todos los días", concluyó.

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Sección Editorial

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