David Cameron ha bajado a Gran Bretaña del tren europeo y han ganado los que no tienen un plan alternativo.
El primer ministro británico pasará a la historia como el político irresponsable que puso en juego el interés general de Gran Bretaña y de Europa para resolver un problema personal y de partido.
Incendió la casa para salvar los muebles y se quedó sin casa y sin muebles.
El populismo y el nacionalismo galopan y contaminan.
Podría ser una vacuna, pero es más probable que suponga un contagio en otros países de la Unión Europea (UE).
Depende de nosotros, los europeos europeístas, de los que creemos en la integración europea con fidelidad a los fundamentos de esta Unión.
Gran Bretaña siempre ha sido reticente a los avances integradores de la UE.
Los británicos solo querían una zona de libre cambio, no instituciones comunes.
Margaret Thatcher era un exponente claro de esta actitud, pero con una diferencia que me expresaba con estas palabras: "Estoy en contra de un mayor grado de integración, pero nunca apearé a Gran Bretaña del tren europeo".
Y esto es lo que ha hecho Cameron. Bajar a Gran Bretaña de este tren. Y han ganado los que no tienen un plan alternativo para esta salida. Es el triunfo de las emociones negativas.
Y Cameron se acabó.
Quedó invalidado para gestionar la situación a la que ha llevado a su país.
Lo peor es que los que ganaron el Brexit no tienen un proyecto alternativo. No hay plan de salida para Gran Bretaña, pero puede y debe haberlo para la Unión Europea.
Y en Gran Bretaña los jóvenes han votado por su futuro en Europa y han perdido. Han perdido por la decisión de los mayores. Gran paradoja interna: El futuro lo deciden los que no lo tienen.
La UE tiene que reaccionar y actuar para revertir el proceso de desafección creciente de los ciudadanos en muchos países de la Unión. Porque también hay una responsabilidad de lo ocurrido en Gran Bretaña en los errores de la política europea contra la crisis, o en su falta de políticas ante el fenómeno de los refugiados.
Vivimos la paradoja de necesitar más y mejor Europa para los ciudadanos europeos y para el mundo, cuando dominan políticas de austericidio, de renacionalización de las decisiones.
Hoy, más que nunca, necesitamos políticas socialdemócratas que sean alternativa real a las políticas neoconservadoras, a los populismos nacionalistas.

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