Jorge Durand (40) es ingeniero nuclear graduado en el prestigioso Instituto Balseiro. Desde 2003 vive en Estados Unidos, llegó allí para cursar un doctorado en Biomedicina en el Albert Einstein College of Medicine of Yeshiva University (Biomedical Sciences). Esta carrera de posgrado le insumió cinco años y tras finalizarla decidió radicarse en ese país. Vive en Manhattan y trabaja como publicitario en TBWA/WorldHealth, una agencia que realiza campañas en distintos medios de información y cuyo público destinatario son los profesionales de la salud.
Jorge se dedica a diseñar campañas y conceptos a través de los cuales se comunicarán los desarrollos de droguerías y farmacéuticas para diversos soportes, desde gráficos como revistas de medicina hasta aplicaciones para ser leídas en celulares. Esta nueva inquietud con certeza derivó del nuevo rumbo de los estudios de Jorge, la biomedicina, pero también del panorama amplio de posibilidades que le ofrecía Nueva York.
"Me gusta mucho este trabajo, porque comparado con mi carrera académica me da la posibilidad de exponerme y aprender acerca de enfermedades, medicinas y terapias sobre las que no tenía experiencia", señaló Jorge. Añadió que se perfecciona constantemente para ser competitivo en su ámbito laboral, ahora enriquecido por el intercambio constante con clientes. "Esta labor me permite expandir mi horizonte en el sentido de que estoy entretenido, estudiando y aprendiendo, en cambio si estuviera trabajando en una tesis de posdoctorado mi aprendizaje sería mucho más direccionado y específico a cierto proyecto. Eso me pasó en la academia: la pasé muy bien como estudiante graduado, pero de alguna manera me aburría el estar encerrado en un laboratorio trabajando con ratones o con células, haciendo miles de repeticiones de experimentos para tener mejores estadísticas, pero no necesariamente algo innovador", expresó. Los profesionales argentinos son muy bien reputados en el exterior, pero especialmente en Estados Unidos, donde se valora la diversidad del conocimiento.
"Cuando llegué acá y estaba en la academia, haciendo el doctorado, sí valoraban la educación que tenía y creo que el haber ido al Instituto Balseiro me ayudó mucho, sobre todo en mi formación en matemática y física. Me siento bastante respetado y valorado. El hecho de hablar español acá es un extra y eso me califica, por ejemplo, para trabajar con clientes de Sudamérica o que hablan español", señaló.
Advirtió que, al mismo tiempo, el mercado laboral es altamente competitivo allá. "Aquí nadie es irremplazable. Hay gente de todos lados con formaciones impresionantes, niveles académicos impresionantes, y uno tiene que competir con ellos también. En ese sentido no es un mercado para quedarse tranquilo. La gente está constantemente perfeccionándose", dijo.
También destacó que, así como lo muestran las series, películas y libros cuyas tramas se desarrollan en EEUU, los adolescentes y sus padres están abocados a la planificación minuciosa del futuro de los jóvenes desde temprana edad. "Creo que hay un poco más de conciencia, en el sentido de que empiezan el secundario y los padres los mandan a ciertas escuelas planeando el futuro: el que puedan acceder a las mejores universidades, las más caras o exclusivas", opinó.
Luego recordó las reacciones de su entorno cuando, más de 20 años atrás, había manifestado su deseo de formarse en el Instituto Balseiro. "No fue nada fácil, para nadie es fácil, pero mis padres siempre me apoyaron para que fuera donde quisiera ir. En el secundario los profesores no entendían por qué me quería meter a estudiar ingeniería nuclear y me decían: "Eso no es para vos''. Si yo no hubiera tenido el apoyo familiar y tanta convicción personal, podría haberme quedado. Creo que los educadores tienen que tener cuidado con sus comentarios. El potencial de cada chico es único y cada uno puede seguir sus sueños de manera personal e inteligente", sentenció.

Manhattan fascina

En su conversación telefónica con El Tribuno, Jorge denota su interés por la variada oferta cultural de Nueva York. "Acá tenés shows de ballet clásico, contemporáneo, danzas de todos los países, y para quienes gustan de la música, recitales desde artistas como Beyoncé y Madonna, hasta los más alternativos. Los cines son impresionantes, hay muchísimos museos también. No te podés aburrir nunca", define.
Acerca de los sitios que le hacen recordar a Argentina comenta que Queens, donde consigue yerba mate y dulce de leche y donde es muy nutrida la comunidad sudamericana, lo conecta con los sabores imprescindibles de su cultura. También el séptimo arte lo enlaza de nuevo con la argentinidad.
"Hay muchos festivales que traen películas de otros países y de Sudamérica en particular. Proyectan películas argentinas en el MOMA, que es el museo de arte moderno y en el centro cultural", compartió.

Espantando la nostalgia

Hace trece años que Jorge no vive en su país, pero muchos más que dejó la provincia.

"Creo que el hecho de haberme ido al Instituto Balseiro (Bariloche, Río Negro) fue el primer paso para expandir un poco la visión y la experiencia personal", declara. Añade que siempre anheló sumergirse en otras realidades. De adolescente estudiaba alemán con una profesora nativa y algo tan simple como los pósters con imágenes de Alemania que la docente llevaba a sus clases lo hacían proyectarse hacía un intercambio cultural. "En el subconsciente tenía activo eso de ir a otra cultura. El desarraigo, el hecho de que yo me mudé cuando tenía 17 años, quizás me haya hecho más fácil vivir en otra sociedad. Aunque como tengo visa de trabajo, todavía no puedo votar y por ahí me molesta no poder votar en las elecciones generales. También tener a mi familia tan lejos y ser el único acá es difícil. Pero a nivel social acá uno aprende a armarse su propia familia con los amigos", define.

Por whatsapp mantiene contactos constantes con sus padres, hermanos y tíos. Añade que retorna a su provincia una vez al año, generalmente para las fiestas. "Extraño las empanadas, los tamales y las humitas. Cuando viajo a Salta voy a Cachi y a Cafayate, por la ruta de los vinos, a los que extraño bastante, porque acá se consiguen buenos malbec y buenos torrontés, pero la oferta es más limitada", manifiesta.

Sin embargo, por el momento la nostalgia no le llega a horadar tanto el corazón como para terciar en su decisión de abrirse camino en otro país. "De chico nunca me vi reproduciendo la vida de mis padres o haciendo las carreras normales, más tradicionales, y lo digo sin ningún prejuicio: simplemente, quería expandir las fronteras", concluye.

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Sección Editorial

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cesar promadache
cesar promadache · Hace 2 meses

Salis como heroe - y Soss un Piyo estudiaste con los la plata que la Pobre Gente paga sus Impuesto y Viven como Indios en los Valles Calchaquies - Como no Venis ayudar a esta Gente que te pagaron para sea lo que Soss

Ruben Barraza
Ruben Barraza · Hace 2 meses

Ninguna universidad privada, siempre en el Estado y a costilla de los contribuyentes, y una vez que te recibís, si te visto, no me acuerdo. lindo "patriota".


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