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El presidente electo de Estados Unidos designó al exjefe del Comando Sur como próximo encargado del poderoso Departamento de Seguridad Nacional. Y como tal, Kelly, de 66 años, deberá asumir las políticas de migración, drogas y, cómo no, el muro prometido en la frontera con México. "Es la persona correcta para encabezar la misión urgente de detener la inmigración ilegal y asegurar nuestras fronteras", sostuvo Trump sobre Kelly, recordando sus "décadas de servicio militar y profundo compromiso en la lucha contra la amenaza de terrorismo".
La nominación, que se aguardaba desde la semana pasada, es vista como un paso hacia el endurecimiento de la política fronteriza y migratoria de EEUU que Trump prometió en la campaña. Pero el giro que Kelly se dispone a darle a la seguridad interior estadounidense podría causar tensión con países latinoamericanos, incluso en asuntos hasta ahora menos polémicos como la política de drogas, advierten analistas.
Kelly es considerado un conocedor de América Latina por haber liderado entre fines de 2012 y enero de 2016 el Comando Sur, cuyas misiones van desde el combate al crimen organizado hasta la ayuda en desastres naturales, pasando por entrenamientos con militares de la región.
Stephen Donehoo, un exoficial estadounidense del Comando Sur que conoció personalmente a Kelly y actualmente trabaja en asuntos latinoamericanos para la consultora McLarty Asociados, lo definió como "un infante de marina" que entiende de la región. "Ha viajado por todos los países, conoce los temas, los antecedentes, entiende quiénes son los buenos, los malos y los feos", dijo Donehoo a BBC Mundo. Mientras estuvo en esa posición, Kelly sostuvo varias veces que existe el riesgo de que "organizaciones terroristas" intenten utilizar las rutas del tráfico ilícito de drogas y migrantes a EEUU para introducir adeptos o armas de destrucción masiva en el país. "A menos que sea enfrentada por una crisis inmediata, visible o incómoda, la tendencia de nuestra nación es tomar la seguridad del hemisferio occidental por sentada. Creo que eso es un error", sostuvo el general el año pasado en el Senado.
Durante la misma visita al Capitolio, Kelly mencionó a Colombia, Chile, Brasil, El Salvador y Panamá como líderes regionales que contribuyen a la seguridad hemisférica. En particular, dijo que Colombia es un modelo sobre cómo "derrotar terroristas y grupos criminales" defendiendo la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de análisis regional con sede en Washington, sostuvo que Kelly respalda el concepto tradicional de "guerra contra las drogas", a diferencia de la posición más flexible que tuvo el actual presidente Barack Obama.
Y recordó que algunos líderes latinoamericanos, incluido el presidente colombiano Juan Manuel Santos, han planteado la posibilidad de repensar alternativas a la política de drogas, por considerar que la estrategia de "guerra" ha sido dañina. "El planteamiento (de Kelly) es muy distinto al del presidente Santos', dijo Shifter a BBC Mundo. "Esto podría presentar alguna tensión".

¿Y el muro?

Por ejemplo, cuestionó la política de habilitar tareas de combate para las mujeres militares y rechazó las críticas de organizaciones de derechos humanos al trato que reciben los reclusos en la prisión estadounidense de Guantánamo, Cuba, que estuvo a su cargo. Ahora, además de dirigir un departamento con más de 240.000 funcionarios, Kelly tendría una posición clave para implementar algunas de las propuestas más polémicas de Trump, como la construcción de un gran muro a lo largo de la frontera con México o la deportación de hasta tres millones de inmigrantes con antecedentes penales al inicio del Gobierno.

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