La sentencia del tribunal oral 2 apunta al corazón de la corrupción en un área de alta sensibilidad: los subsidios.
El subsidio es un instrumentos muy caro a la visión populista porque permite el manejo discrecional de abundantes dineros públicos amparados en el pretexto de "resolverle los problemas a la gente". Problemas que, a veces, crea el mismo gobierno.
Lo que no es claro, es oscuro. El crecimiento empresario de los hermanos Cirigliano acompaña veintiséis años de gobierno del PJ, en sus dos versiones menemista y kirchnerista.
La tragedia ferroviaria de Once es fruto de la combinación de corrupción e incompetencia.
Los Cirigliano, uno condenado y otro absuelto en este caso de administración fraudulenta de fondos públicos, no podrían competir con éxito sin la muleta del Estado. Y en el Estado de Menem y Kirchner encontraron padrinazgos en Julio De Vido, Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi.
En el caso de Jaime es elocuente su gestión por el tren urbano que llegó a Salta en 2009, presentado en la campaña como parte de un proyecto de revolución del transporte. En realidad, no era más que chatarra española comprada en una operación cuyo beneficio para el país es nulo.
No hubo tal revolución, como tampoco hubo nunca en un cuarto de siglo un proyecto ferroviario que beneficiara al país. La otra experiencia salteña con esta trama develada en Once la brindan los ómnibus de los Cirigliano, que solo podían competir con los Mercedes Benz con ayuda oficial.
Las condenas de ayer fueron por el delito de administración fraudulenta y estrago culposo. Los jueces no se dejaron impresionar por la campaña oficial que intentaba mostrar a través de videos lo mal que manejaban los maquinistas del ferrocarril Sarmiento.
Más bien, pensaron que la maraña de subsidios fue a parar a cualquier parte, menos a donde correspondía, es decir, al mantenimiento y la mejora del servicio ferroviario.
Se estima que Jaime manejó 200 millones de dólares mensuales en subsidios para el transporte público, que se convirtieron en una caja política.
Su avión, su barco y su vida dispendiosa lo ubicaron como el chivo expiatorio de un sistema que no existiría sin "estados de emergencia" y sin discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos.
Cuesta explicar que Argentina, que dejó de explotar su gas en sus yacimientos -salteños, entre otros -, haya habilitado la importación de ocho millones de dólares diarios de gas de Qatar, en un negocio hecho a la medida de los colectiveros Cirigliano. Eso sí, se lo denominó "Convenio Marco para el Desarrollo y la Integración Energética Bilateral". La tragedia de Once mostró la cara más oscura de la corrupción. El fallo permite suponer que el caso no quedará impune. Quizá sirva, además, para que ciertas prácticas y certezas políticas sean sometidas a revisión.

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