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El 2016 finalizó con la noticia sobre el ranking de lectura alemán; estaba encabezado por el libro "Mi lucha", de Adolfo Hitler, donde mezcla memorias y antisemitismo militarista útil para conquistar toda Europa.
A 90 años de su lanzamiento, el panfleto sobre la más absoluta discriminación racial es un éxito de ventas. Los editores explican que las nuevas generaciones quieren conocer el programa para un gobierno mundial ejercido por Alemania que propuso "Mi lucha".
Ya preparan una sexta reimpresión con notas críticas de los estudiosos. Originalmente impreso en 1925, ocho años antes de que Hitler llegue al poder, el libro fue editado por Rudolf Hess.
Leer "Mi lucha" hoy es adentrarse en la genealogía del sistema político y social del nazismo, en que lo distintivo de Hitler, la megalomanía y la paranoia, apuntalan a su liderazgo criminal.
¿Por qué Europa permitió con su indiferencia, ignorancia y complicidad que la teoría geopolítica expansionista del nazismo, la del "espacio vital", resulte la medida del mal?
Leer a Hitler es llegar a lo singular de su síntoma, a lo real de un suceso. El lector de "Mi lucha" deconstruye al inconsciente de Hitler para saber qué lo determinó a hacer lo que hizo y a morir creyéndose un "dios" alemán, pero oscuro.
Existe un "libro" virtual en el sujeto, es el inconsciente de cada uno y puede ser leído. De eso trata el ejercicio de lectura de "Mi lucha". El ojo que lee con objetividad y a la distancia de la acción del partido nazi podrá anudar el sinsentido del exterminio hitleriano con alguna interpretación posible, para que la historia diga algo más de lo conocido.
Saber leer es básicamente descubrir lo que no está dicho. Y la paranoia nazi, ocultada por un aparato propagandístico colosal durante la guerra que hizo Alemania a Europa del treinta, aún espera ser revelada en sus fines.
Los delirios que traman "Mi lucha" se leen con retroactividad histórica y están ligados a la toma del poder absoluto. Seguramente, los lectores de "Mi lucha" no se conforman con ser comentaristas de la barbarie y se introducen a desocultar códigos sociales y políticos compartidos por una nación militarista. En este punto, encuentran a los fantasmas que sujetaron a Alemania durante la industria de la muerte con los hornos crematorios.
La voz necrófila de Hitler habla en "Mi lucha" a través del nacionalismo que ya prepara el goce irrefrenable por la muerte ajena, y luego por la propia, cuando el autor se suicida.
Roberto Arlt en su pieza teatral "Fabricante de fantasmas", muestra a un escritor consumido por los fantasmas que viven en sus propios textos y que cobran vida hasta aniquilarlo.
Arlt, el día antes del estreno, 7 de octubre de 1936, declaró: "Si me preguntaran por qué le he dado una representación física tan espantable a los remordimientos de un criminal debo contestar que es porque el remordimiento fue conceptuado, antaño, por los teólogos y hoy por los psicoanalistas, como uno de los más enérgicos elementos que provocan la descomposición psíquica del sujeto arrastrándolo a la locura y al suicidio".
Nueve años después que Arlt presentó así su puesta, Hitler moría como ese fabricante de espectros, matado por sus fantasmas, ya avistados en "Mi lucha".

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