El bienestar de los animales entró en el debate público con fuerza. Sean domésticos o salvajes, en los últimos años se viene constatando una ampliación de la sensibilidad moral para incluir a los animales entre las preocupaciones habituales de nuestra sociedad. El escándalo desatado por las ostentosas fotos de Matías Garfunkel y Victoria Vanucci junto a un león, un tigre y un cocodrilo asesinados volvió a poner el tema en discusión.
El escándalo es la reacción social más extrema ante una transgresión que atenta contra los valores centrales de la comunidad. Usualmente, activa un linchamiento público: en este caso, concretado en la catarata de insultos y caracterizaciones de los culpables como personas indignas, monstruosas.
Un informe elaborado por el Centro de Estudios en Comunicación Aplicada (CECAP) de la Escuela de Posgrados en Comunicación (EPC) de la Universidad Austral analiza los cambios sociales que está produciendo esta nueva valoración del bienestar animal. La violencia gratuita y las malas condiciones que sufrían los animales en zoológicos y circos han consolidado en la Argentina un debate de profundas implicancias.
El informe de la Universidad Austral señala tres hitos locales que precipitaron las transformaciones que estamos viviendo: la muerte de Winner, en diciembre de 2012, el último oso polar que habitaba en el zoológico de Buenos Aires, por efecto de la pirotecnia y el calor agobiante; los fallos judiciales de 2014 y 2015, que hicieron lugar a una acción de amparo que solicitaba que la orangutana Sandra del zoo porteño fuera considerada "persona no humana" y trasladada a un lugar donde pudiera vivir "dignamente"; y los conflictos en el zoo de Mendoza, que produjeron su cierre temporario a principios de este año.
En el ámbito internacional se destaca el escándalo suscitado por fotos del entonces rey Juan Carlos de España cazando elefantes en Botsuana, en 2012. Por lo demás, varios lectores recordarán al león Cecil, de Zimbabue, asesinado el año pasado por un odontólogo norteamericano: la ola mundial de repudio se topó con una columna de opinión de un científico radicado en Estados Unidos, publicada por The New York Times y titulada: "En Zimbabue, nosotros no lloramos por los leones". Allí narraba la amenaza que los grandes animales representan para aldeas y pueblos en África, y llamaba a compadecerse, también, de los niños africanos que mueren a causa de la violencia y la pobreza.
El último hito local de esta nueva agenda sensible fue que la transformación del zoológico porteño en un ecoparque centrado en la conservación y la educación -probablemente una de las políticas públicas con más apoyo social de la historia de Ciudad- se ha convertido, ahora, en un proyecto de ley para aplicar la misma perspectiva en todos los zoológicos estatales de la provincia.
De esta manera, se renuevan interrogantes sobre el papel de los animales en la vida cotidiana y sobre nuestras formas de consumo, diversión, producción de alimentos e indumentaria, de relación con el medioambiente. Rápidamente, pueden verse puntos de conflicto con el desarrollo económico y las prácticas sociales. Estas contradicciones van mucho más allá de que un grupo de veganos activistas organice una marcha de repudio al campeonato mundial del asado. Las discusiones irrumpirán en las familias, en las instituciones, en la economía y la política. Los grupos activistas presionarán sobre demandas concretas a medida que la ola de consenso se expanda de la mano de la visibilidad positiva otorgada por el star system y los trend-setters nacionales. Para afrontar la resolución de las tensiones será necesario articular dos mundos: el blanco-negro de las ideas con los grises de la gestión y las situaciones concretas. Conocer con detalle estos fenómenos y promover mecanismos de diálogo y manejo de conflictos es una necesidad para cuidar la convivencia ciudadana.

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