Trump se abrió con la boca una hemorragia interna con posibilidades de ser letal. El video de 2005 publicado por el Washington Post dejó más expuesta que nunca su personalidad recalcitrantemente machista y provocó lo que en todos estos meses de campaña nadie había obtenido del magnate neoyorquino: una disculpa.
A dos días del segundo debate presidencial, sus palabras denigrantes hacia las mujeres, quienes representan a más de la mitad del electorado de EEUU, le trajeron como consecuencia el descrédito de varios líderes del Partido Republicano, incluso algunos le pidieron que abandonara la nominación. Ante este contexto, las expectativas sobre una estocada mortal por parte de Hillary Clinton eran muy altas y el foco del posdebate se está centrando en la ausencia de un knockout, ya que lo que observamos fue más bien, por una parte, el logro de Trump de mostrarse menos bravucón, con una forzada contención traicionada en algunos momentos por su comunicación no verbal al deambular amenazante a espaldas de Hillary mientras esta hablaba.
¿A qué posibles factores pudiera ser atribuible la mesura de Hillary?
Era previsible que se acrecentara esta distancia entre los dos a raíz de la publicación del video, sin necesidad de hacer mucho por parte de ella. Dicho y hecho: los sondeos publicados la mañana siguiente y que recogen los primeros efectos de esta crisis hablan de 11 puntos porcentuales de diferencia a favor de la demócrata. El deslinde y condena de los líderes republicanos hacia Donald, previsiblemente no solo se quede en trascendidos de prensa, sino que representen la latente desactivación de muchos de los cuadros militantes que estos controlan; el voto duro republicano es de lo más organizado y con mayor capacidad de movilización. Se prevé un porcentaje significativo de abstención de este sector como respuesta ante una de las mayores crisis de imagen de aquel partido, que nominó a un candidato que no ha mostrado correspondencia con sus valores conservadores. Aún queda el debate del 19 de octubre y cuatro semanas de campaña, los seguidores fieles de Trump lo votarán a pesar de este y otros escándalos que puedan salir a la luz los próximos días. Igualmente, el voto duro demócrata está a estas alturas altamente fidelizado y en lo que toca centrarse es en garantizar su movilización. Pero lo más importante es ir por ese cada vez más estrecho porcentaje de indecisos para los que la prudencia y templaza pueden resultar efectivos ante un oponente ira cundo.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora