Dardo Leal lleva adelante un merendero al que concurren unos 50 niños. Al cálido espacio lo bautizó Rayitos de Sol y recibe, sin condicionamientos, a muchos niños de villa Viveros, donde está emplazado, y también de sectores aledaños al barrio.
Allí está siempre Dardo, trabajando sin esperar nada a cambio y brindándole una taza de leche a los más necesitados. Tiene 54 años, es padre de 9 hijos y trabajó gran parte de su vida como camionero.
En 2007, tras un accidente laboral, debió ser intervenido de urgencia por un problema cardíaco: "Mi corazón estuvo 9 horas fuera de mi cuerpo; una válvula artificial lo reemplazaba. Cuando me desperté, 3 días después, fue como si mi mente se hubiera reiniciado desde mi infancia. Así estuve una semana, hasta que volví al tiempo real", contó.
Sentía que Dios le había dado una nueva oportunidad para vivir. "Durante los primeros siete meses, luego de la operación, pensaba que en cualquier momento me podía morir. Pasó ese tiempo y entendí que el Creador quería que me quedara en este mundo para realizar alguna misión. Sentí la necesidad de agradecer a través de la ayuda, así surgió el merendero Rayitos de Sol", continuó Dardo.
Y agregó: "Sé que muchos chicos tienen necesidades, por eso pensé en ellos. Lo primero que hice fue techar el lugar, en mi casa, donde tenía previsto que funcione el merendero. Después, con ayuda de mis hijos, hicimos los tablones y las bancas. Pero había muchas cosas que nos faltaban, así que con colaboración de familias amigas pudimos abrirlo".
En junio de 2015, el merendero comenzó a funcionar por primera vez. La mayoría de los niños son de villa Viveros y las edades van desde los 3 a los 14 años. Si bien muchas veces saca dinero de su bolsillo, también recibe donaciones de panaderías cercanas.
Pero a fines del año pasado tuvo un suceso que lo llevó a cerrar el lugar. "Mi hija menor se enfermó muy grave. Su diagnóstico fue inmunodepresión y la tuve internada hasta abril de este año y hay que extremar los cuidados. Me hago cargo porque su madre está muy enferma también y por ese motivo me era imposible abrir. Mis hijos trabajan, estudian y tampoco tenían tiempo", explicó.
Pero ese obstáculo le sirvió para ganar más fuerzas, ya que creyó que tenía mucho más para agradecer: "Mi hija está viva, pudo recuperarse y hoy esta jugando entre nosotros", dijo.
Así, el merendero reabrió sus puertas en junio pasado. "Todo aquí es solidario. Creo que yo soy el motor y todas las personas que colaboran son el combustible. Sin ellos esto no funcionaría", subrayó.
El merendero necesita constantemente de la colaboración de muchos para seguir funcionando. El deseo de Dardo es que crezca y que algún día pueda funcionar también como un comedor.
Hoy, el lugar necesita sanitarios, una cocina, cobertor para los mesones y, lo más importante, la leche. "Yo trato de hacer cada día una cosita nueva para que vaya mejorando este espacio. Recientemente terminé una pieza donde instalaré sanitarios para que sea el baño de los chicos", contó Leal.
Sin dudas, esta es una obra de caridad que refleja el espíritu solidario de una persona que tuvo momentos muy difíciles, pero pudo salir adelante. Y en agradecimiento ayuda a los más necesitados.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora