Es el destino de vacaciones con el que sueñan millones de personas en el mundo y su capital es uno de los lugares con mayor poder de atracción global. Sin embargo, la industria del turismo en Francia sufre por un severo declive.
El número de estadías nocturnas de extranjeros en el país, por ejemplo, cayó en 8,5% durante el trimestre que concluyó en junio, en comparación con el mismo periodo del año anterior, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas.
Hay otras señales de alarma: el tráfico de pasajeros en el aeropuerto internacional Charles de Gaulle, el principal del país, cayó 3,9% en junio, justo en plena temporada veraniega. A finales de julio, las reservaciones de vuelo desde Estados Unidos estaban un 19% por debajo de su nivel en 2015; mientras las solicitudes de visados en la embajada en Pekín, han descendido en 15%, según informó el diario The Economist.
Se trata de una tendencia preocupante. Francia obtiene un 7% de su producto interior bruto a través de la industria del turismo y es el país que recibe más visitantes extranjeros en el mundo: unos 84,5 millones en 2015.

La situación en París

La situación es más grave en París. La capital francesa suele atraer unos 16 millones de visitantes cada año, pero durante el primer semestre del año ya había recibido un millón menos que en el mismo periodo de 2015.
Por nacionalidades, en comparación con 2015, se registra una caída sustancial en las visitas de japoneses (46,2%), rusos (35%), chinos (19,6%) y estadounidenses (5,7%).
El costo de esta reducción en el número de visitantes a París se calcula en unos US$848 millones.
La presidenta de la región de Ile-de-France, Valerie Pecresse, señaló como la principal causa de la caída del turismo a los atentados ejecutados por radicales islamistas, como el sufrido por París en noviembre de 2015, cuando en una serie de ataques coordinados murieron 130 personas.
Otras capitales europeas que también vivieron un ataque extremista como Madrid, en 2004, y Londres, en 2005, lograron recuperar sus tasas de ocupación hotelera al pasar algunos meses.
Sin embargo, el caso de Francia es distinto de los anteriores por cuanto no ha sufrido un único ataque sino una serie de ellos que se han sucedido desde enero de 2015, cuando se produjo el atentado contra el semanario humorístico Charlie Hebdo.

Enorme despliegue

Por otra parte, aunque Francia acogió con éxito y sin incidentes la Eurocopa de Fútbol, lo ha hecho con un enorme despliegue de las fuerzas de seguridad que puede dar tranquilidad a los visitantes o, por el contrario, servirle de recordatorio de la amenaza de nuevos ataques que pende sobre el país.
Al mismo tiempo, los ataques no se han limitado a París.
El arrollamiento de una multitud, en el que murieron 86 personas, ocurrido durante la celebración del Día de la Bastilla en Niza, la segunda ciudad más turística del país, también tiene un efecto sobre la llegada de los visitantes extranjeros.
Tras ese suceso, la ciudad costera canceló un campeonato europeo de ciclismo, previsto para septiembre; mientras que en la ciudad de Lile acordaron suspender un gran mercadillo al aire libre que en 2015 atrajo a 2,5 millones de personas. En ambos casos, las decisiones se tomaron por motivos de seguridad pública.
Investigaciones académicas sobre el efecto de la violencia en la economía y el turismo en Irlanda del Norte, Córcega y el País Vasco revelan que las visitas de turistas extranjeros se recuperaron una vez que en esos lugares regresó la normalidad.
Francia tiene el reto de recuperar la suya.

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Sección Editorial

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