Desde hace miles de años, las civilizaciones vienen practicando la actividad minera, decididamente incorporada a la vida cotidiana. En América y en nuestro país se lleva a cabo desde antes de la llegada de los españoles y tuvo su auge a partir de 1545, cuando se produjo el descubrimiento del famoso cerro Potosí y las minas de Guanajuato, en México. Alrededor de estos yacimientos se crearon grandes poblaciones que abastecían a las distintas explotaciones. Nosotros, los salteños, que fuimos grandes proveedores del Potosí durante muchísimo tiempo.
Esta actividad está reglamentada desde sus inicios. En la época colonial con las Reglamentaciones de Toledo y posteriormente con la sanción de la Constitución nacional, en la que, en su artículo 75 inc. 12, se delega la competencia de la creación del código de minería en el Congreso nacional, que lo sancionaría en el año 1886. Con modificaciones, sigue vigente y es la minería la única actividad que tiene su propio código que la reglamente.
Un hito muy importante en la historia de esta actividad en nuestro país y que marcó un antes y un después en la minería es la sanción de la ley de inversiones mineras 24.196 en 1993. Es a partir de esta que la actividad dio un vuelco de 100% pasando de una minería artesanal o pequeña minería dando lugar a una de mayor escala y más profesional y, por supuesto, más segura social y ambientalmente.
Es una actividad que cuenta con 4 etapas: prospección, exploración, explotación y cierre de mina.
Desde que se inicia la prospección hasta poner un yacimiento en producción pueden llegar a pasar 10 o 15 años o inclusive más; a su vez, esta explotación pude durar otros varios años más y la empresa tiene que seguir explorando ya que si no descubre otros yacimientos termina su actividad con el cierre de mina.
Todo este proceso puede llevar muchísimos años y varios de ellos solamente de inversión y con una gran posibilidad de perder esa inversión en caso de no encontrar un yacimiento económicamente rentable.
Es un actividad extremadamente riesgosa en lo económico y lenta en el tiempo; es por ello que la mencionada ley cambió la minería en nuestro país estableciendo una estabilidad impositiva y jurídica. Con esto se logró que inversiones a gran escala se atrevieran a invertir en nuestro país, ya que les ofrecía reglas claras y un escenario jurídico estable. Esa fue la finalidad de la ley, adulterada luego con las famosas retenciones.
Junto con este nuevo tipo de minería en nuestro país, poco desarrollado aún, llegó la minería moderna, una actividad responsable que tiene como prioridad el cuidado del medio ambiente. Desde ya que es la única actividad que tiene su propia ley de cuidado del medio ambiente que es la 24.585, aparte de todas las normas medioambientales que regulan todas las otras actividades
Injustamente, tiene que pasar por un cuello de botella que es la premisa de que la minería es contaminante, cuando hasta el día de hoy no se registran víctimas por contaminación minera en la Argentina y no existe una sola prueba científica seria de algún accidente que haya causado un daño al medio ambiente.
La minería es como la aviación: mucha gente tiene miedo a volar, aun cuando sabemos que es el medio de transporte más seguro de todos, está todo previsto y, en caso de una falla, hay muchísimas maneras de solucionarlo. Al tener control técnico de cada detalle, el porcentaje de accidentes es ínfimo
Es un miedo irracional. Lo mismo pasa con la minería: es la actividad más segura de todas, en ella todo está previsto, se gastan grandes presupuestos en seguridad y eso se refleja en los resultados. En los números es la actividad más segura de todas y con un gran futuro en nuestro país, siempre y cuando sepamos aprovecharla y lograr que las comunidades y las regiones crezcan con ella.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia