Hasta los años 60 del siglo pasado, una de las diversiones preferidas de la changada era "hacer culata". La jugarreta consistía en treparse en la parte posterior de los coches de plaza y viajar ahí la mayor distancia posible sin que el cochero se diera cuenta de la travesura.
Pero había otra diversión cochera más audaz aún: robar los vehículos de los cocheros cuando éstos, al final de la jornada, se apeaban en algún bar para compartir un vino y una picada con sus colegas.
Y cuando el cochero estaba entretenido en esos menesteres largos, los "robacoches" aprovechaban para hacer descuidismo y alzarse con una "Victoria" (así se llamaban los coches de plaza) y salir con el caballo a todo galope.
Total, después de semejante aventura, abandonaban coche y caballo sabiendo que el equino siempre sabría volver a su querencia, esté donde esté.
Así fue que la noche del 15 de setiembre de 1951, al concluir la procesión del Milagro, el auriga o cochero, José Toscano estacionó su coche en la vereda de Balderrama, por entonces, en Ituzaingó casi San Martín.
La jornada para Toscano había sido larga, harto trajinada y muy provechosa, pues se había hecho de unos buenos pesos.
Ese día, desde muy temprano, muchos fieles habían requerido sus servicios. Unos para que los lleve hasta la Catedral para escuchar misa y otros por la tarde, para que los lleve o los traiga de la procesión.
Gracias a la Fiesta del Milagro, Toscano había trabajado duro y parejo, razón por la cual, al final de la jornada creyó que no sólo se había ganado merecidamente el pan, sino también unos buenos vasos de vino junto a sus colegas.
Eran como las 10 de la noche cuando entró a Balderrama para comentar la jornada y hacer una picada con vino y soda.
Pasaron las horas hasta que a eso de las tres de la mañana Toscano resolvió desatar y regresar a su casa de Alto Molino, pues al otro día había que volver al trabajo.
Pero grande fue su sorpresa cuando en la vereda no encontró su "Victoria".
Al principio pensó que quizá el "pata blanca", su caballo, al verse desatado, había resuelto volver a casa sin su amo, cosa que ya había ocurrido antes.
En eso estaba, mirando a lo largo de las calles para ver si ubicaba su carruaje, cuando un policía amigo le dijo que acababa de ver pasar a su coche para el lado del puente i''palo (Vélez Sarsfield).
De inmediato, con la ayuda del comisario Nieva y el agente Gonza, que también habían hecho un alto en Balderrama, salieron en bicicleta en su persecución. Luego de varias cuadras lograron detener a los robacoches, cuando ya habían sobrepasado el puente i'' fierro y se encontraban frente a Radio Nacional.
Eran tres amigos de Limache que, como no tenían en qué volver después de la procesión, resolvieron robarse un coche de plaza en el centro.
El más baquiano hacía de conductor y los dos restantes eran una pareja de románticos limachinos, que en lugar de arribar a sus hogares fueron derivados a la Central de Policía. Allí pasaron la noche en calabozos separados y bajo la atenta mirada del cabo Saturnino Miranda.
Lo que nunca se supo es cómo hizo don José Toscano para convencer a su mujer de que había vuelto tarde porque le habían birlado el coche.
Dicen que su mujer le espetó: "Si es cierto que te han robado el coche, cosa que dudo, es porque siempre te quedás por ahí a chupar con tus amigos hasta que las velas no arden".

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Vicente Leo
Vicente Leo · Hace 8 meses

Lo que no entiendo es como lograron alcanzar al degüello o mateo, -aquí una finola Victoria-, yendo los agentes en bicicleta y cargando un soberano "pedal". Por otra parte y por aquel entonces: ¿Qué hacían a las 3 de la mañana 3 devotos cristianos de Limache deambulando todavía por la ciudad, habida cuenta que los actos religiosos habrían terminado entre las 20 y 21 horas ? Seguramente don Luis Borelli responderá con el silencio.


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