En Jakarta, capital de Indonesia, donde tuvo lugar la última reunión celebrada por el Foro Económico Islámico Mundial, quedó exhibido un costado relativamente desconocido del fenómeno islámico: la decisión política de impulsar una asociación económica de base religiosa, asentada en una plataforma de sustentación lo suficientemente fuerte como para transformarse en un actor significativo del sistema económico global.
Delegados de más de cien países, entre ellos varios jefes de Estado, ministros y altos funcionarios de países musulmanes, discutieron una agenda propia del siglo XXI: el ascenso de las economías de consumo, el avance de las tecnologías disruptivas y las nuevas industrias, el empoderamiento de la mujer en el comercio electrónico, la conversión de la moda islámica en alta costura y la financiación a los sectores "halal", expresión referida a las industrias alimenticia, textil, turística y de salud globales que cumplen los preceptos religiosos del Islam.
El encuentro, que se realiza tres veces por año en diferentes países, ratificó el equívoco que significa circunscribir el mundo islámico al mundo árabe o al continente africano.
La mayoría de los 1.300 millones de musulmanes, un número que por el mayor índice de natalidad y el creciente aumento de las conversiones religiosas, crece a un ritmo superior al promedio de la población mundial, vive en Asia. Los cuatro países que albergan mayor número de musulmanes son Indonesia, Pakistán, India y Bangladesh.
Esto no implica que el poderío económico del mundo islámico no esté concentrado principalmente en las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, en particular Arabia Saudita. Qatar, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait y Omán, poseedores de una fenomenal liquidez financiera que, canalizada a través de sus fondos soberanos, constituye una extraordinaria fuente de liquidez, capaz de impulsar el desarrollo de los países islámicos de menores recursos y mayor población.
Los cuatro países que albergan el mayor número de musulmanes son los de Indonesia, Pakistán, India y Bangladesh, respectivamente.
La voluntad de impulsar esta convergencia económica fue señalada en Jakarta con rotunda claridad por el ministro de Economía de Argelia, Abdesem Bouchouares, quien exhortó a los países musulmanes a crear una "asociación verdaderamente estratégica".
Una banca adecuada al Corán
La "banca islámica", que adecua sus prácticas a los preceptos del Corán, es un actor del mercado financiero internacional. Sus activos actuales rondan los dos billones de dólares. La mitad está en manos de diecisiete bancos, especialmente sauditas, qataríes, kuwaitíes y de los Emiratos Arabes.
El 75% de esos activos se concentra detrás de los países conocidos en la jerga de la City londinense por el acrónimo QISMUT, que en idioma inglés alude a Qatar, Indonesia, Arabia Saudita, Malasia, Emiratos Arabes Unidos y Turquía.
Pero el interés generado por este singular modelo bancario hace que empiece a registrarse un proceso de descentralización geográfica. Hay ya más de 200 bancos y una cantidad de fondos soberanos y compañías financieras que se rigen por estos preceptos. Las estimaciones de las consultoras internacionales indican que la banca islámica tiende a duplicar el valor de sus activos cada cinco años. Como su origen es relativamente reciente y su punto de partida es bajo, ya que su número de clientes se sitúa hoy en sólo a 60 millones, en medio de una población musulmana de 1.300 millones de personas, es fácil prever una expansión fenomenal en las próximas décadas.
La base del negocio de la banca islámica es similar la banca tradicional: recibir depósitos y conceder préstamos. Pero su funcionamiento respeta la "Sharia" e impone autolimitaciones éticas que gozan de una aceptación cada vez mayor por parte de una amplia franja de la comunidad musulmana, que quiere adecuar sus prácticas económicas a sus creencias religiosas.
Como la legislación coránica, al igual que la Iglesia Católica en la Edad Media, prohibe el cobro de intereses, una de las derivaciones más atractivas de este funcionamiento bancario es la práctica de la asociación entre el emisor y el receptor del crédito. El vínculo entre prestatario y prestamista cede lugar a una asociación en la que ambas partes comparten pérdidas y beneficios.
Otra nota distintiva es que la banca islámica tiene que atenerse al término "halal", que refleja la adecuación de las actividades y los productos a la ley islámica. Bajo esa premisa, no puede financiar o colaborar con empresas relacionadas con la fabricación de tabaco, la elaboración y distribución de alcohol, la pornografía, la fabricación de armamentos y hasta la industria porcina.
El excepcionalismo islámico
El mercado "halal", que involucra la producción y distribución de productos y servicios conformes a las normas islámicas, mueve anualmente unos tres billones de dólares, según los cálculos del Instituto Halal, que preside la española Mariam Isabel Romero. "Hay una gran ignorancia de esta demanda", dice Romero, quien advierte que su satisfacción es también importante para Occidente, habida cuenta de la creciente población musulmana en Europa y la incesante expansión del turismo islámico.
Al respecto, un sondeo realizado por la consultora Dinar Standard, dedicada al estudio del mundo islámico, indica que el 67% de los turistas musulmanes considera fundamental encontrar para sus viajes hoteles y restaurantes "halal", al que consideran más importante que la relación calidad-precio, en la que hace hincapié el 49% de los encuestados.
España, destino europeo predilecto del turismo musulmán, tiene en el Instituto Halal el principal centro de certificación de servicios y productos musulmanes, que incluyen desde galletitas o productos de belleza sin grasa de cerdo hasta bebidas espumosas sin alcohol, inversiones financieras sin intereses y restaurantes donde no se consume cerdo.
En las cercanías de Córdoba está en marcha la construcción del Parque Empresario Halal, que espera atraer en cinco años alrededor de 1.330 compañías. En 2015, tuvo lugar en Madrid la primera Expohalal Spain 2015.
En un reciente libro titulado "El excepcionalismo islámico: cómo la lucha por el Islam está moldeando al mundo", Shadi Hamid, un destacado académico musulmán del Instituto Brookings de Washington, sale al cruce de las tesis generalizadas acerca de que el Islam está obligado a "occidentalizarse" y pregunta provocativamente "¿qué pasa si los musulmanes deciden ir por un camino algo diferente".
La experiencia revela que Occidente, que sin ninguna duda tiene muchas cosas para enseñar, también tiene bastante para aprender.

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