Once personas fallecieron ayer a la madrugada en un nuevo naufragio ante las costas de la isla griega de Samos, situada en el mar Egeo y muy cerca de la costa de Turquía.
Entre las víctimas hay cinco mujeres, dos niños y cuatro bebés que se ahogaron cuando el bote neumático en el que viajaban se hundió cerca de una zona rocosa de la zona marítima de Samos. La Guardia Costera griega pudo rescatar a 15 personas, pero la operación, en la que participan grupos de voluntarios y buzos, continúa en marcha para encontrar a los desaparecidos. Los fuertes vientos, que alcanzan los 8 grados en la escala de Beaufort, dificultan el trabajo de los equipos de rescate. Para ayer estaba previsto que lleguen al puerto de El Pireo, en Atenas, dos transbordadores con un total de 3.337 refugiados y migrantes procedentes de las islas de Lesbos y Quíos. El caso recuerda el de Aylan Kurdi, el pequeño de solo tres años que murió ahogado el 2 de septiembre cuando él y su familia intentaban llegar a Europa. La foto que avergüenza al mundo abrió el debate sobre cómo está manejando Europa la crisis migratoria.
Con el empeoramiento del tiempo, los naufragios se han convertido en un drama cotidiano. De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones, 70 menores murieron ahogados en el mar Egeo en los últimos dos meses, una cifra que aumenta cada día. En lo que va de año llegaron a las costas griegas más de medio millón refugiados. El otro accidente fue en Farmakonisi, los guardacostas recuperaron los cuerpos sin vida de dos personas, mientras que otras diez están desaparecidas.

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